Ya arrancó el 2011. Cuidado. Deberíamos de asegurarnos de no volver a cometer los errores de siempre. Por eso algunas personas e instituciones están como están. Nadie, en su sano juicio, puede vivir cómodamente llevando sobre sus espaldas montones de yerros.
Lo mejor sería prepararnos para que este año no nos agarre asando batatas, que esos vamos a dejárselo a los infelices que dignamente, y sin hacerle daño a nadie, se ganan la vida vendiéndolas en la cercanía de Villa Altagracia.
Nuevos e irremediables bríos han de servir como punta de lanza para así obligarnos a asumir con seriedad nuestro compromiso como dominicanos.
Lo ideal sería que entre todos (partidos políticos, sociedad civil y las iglesias) iniciemos una cruzada de paz y orientación, con la prudencia y la serenidad del hombre sabio, en aras de ganarnos a muchos jóvenes y adultos que hoy andan descarriados por esos caminos de Dios.
Con firmeza de hombre justo tendremos que exigir que las autoridades correspondientes continúen, sin miedo, enfrentando el maldito auge de la delincuencia y de la proliferación de las sustancias prohibidas. Ello así, porque en toda sociedad civilizada lo negativo no puede imponerse ante lo positivo.
Estudiar los fenómenos que activan esos males es tarea obligada si deseamos que nuestro país, en materia delincuencial, no se asemeje a otros latinoamericanos.
De lo que se trata entonces es de unificar criterios y de poner en marcha un amplio programa en donde el diagnóstico y el pronóstico nos conduzcan hacia un mayor control de las fuerzas del mal, las cuales nunca duermen.
En fin, cada uno de nosotros pudiera hacer cosas grandes este 2011.
Todo depende si somos capaces de abandonar por buen rato la jodida politiquería que tanto daño nos hace. Adelante, pues.

