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El bosque dominicano

El bosque dominicano

En el año 1978 motivado precisamente por mi amor al bosque en general pero específicamente por las vivencias que había despertado en mí el bosque dominicano, tan semejante al de mi patria después de mucho pensar y discernir, además de contactar a los mas duchos en el área forestal, decidí editar la revista El Bosque.

El lema principal de la revista era: “Por la promoción y educación de los hombres y mujeres a quienes toca conservar el bosque y vivir de el”.

Contacté primero a ese sabio bienhechor del conocimiento científico del bosque antillano, hace poco difunto, Alan Liogier, que coleccionó,  tipificó y dio nombre a tanta variedad de árboles, matas, arbustos y todo tipo de plantas en las Antillas: Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico.

Los botánicos, Donald y Anabelle Dod, expertos en Orquídeas y en Aves dominicanas, respectivamente, que para mi suerte, eran mis vecinos.

Merillo G. Morel, Ingeniero Forestal, que hoy triunfa en su especialización en Italia.

El Bosque, como muy bien lo definió en sus metas el  Pedro Troncoso Sánchez, pretendía ser un Natural Geographic Magazine, la afamada revista, impresa a todo color, rica en fotografías de las bellezas naturales del mundo. El Bosque lo sería para Quisqueya.

A poco de publicada, El Bosque, recibí correspondencia del Jardín Botánico de New York y de distintas Sociedades del género de Estados Unidos. Y fui invitado a un Congreso Ecológico del Caribe en la Isla Tórtola, en las Antillas Me nores, en donde la conservación y respeto a la naturaleza es tal que pude ver tortolitas,  ave nacional, beber del agua de mi vaso  al aire libre.

Pero mis aspiraciones, y las de Don Pedro, resultaron pronto fallidas porque, en parte por mi negativa aptitud para la comercialización, y, sobre todo, por la escasa mentalidad ecológica en los Gobiernos y en el Sector Privado de entonces impidieron la salida, ni siquiera del segundo número, y tuve que asumir todos los costos de la primera edición. Cosa que recuerdo con satisfacción, hoy día.

En la revista, la divulgación de nuestro codiciado, autóctono y exclusivo Ebano Verde, provocó un interés asombroso.

Efectivamente, el doctor Liogier, escribió un artículo en El Bosque con el sugestivo título: El Ebano Verde, árbol nacional. Y su hija, María del Pilar Liogier Mejía, en eco al escrito de su docto padre, escribió una: Entrevista a un ébano verde, que había alcanzado un Primer Premio en un concurso Literario del Instituto San Juan Bautista. Pilar contaba, entonces 15 años de edad.

Un empresario de notables recursos y vasta cultura llegó a preguntarme dónde podría conseguir una plantita  para sembrarla en el patio de su casa,  en Santo Domingo.

El Nacional

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