Julio César Domínguez Brito
En Santiago, Julio César Valentín y Francisco Domínguez Brito le hubieran resuelto al embrollo al Comité Político del PLD, sin más encuestas que el sentido común y quizás, alguna canción de Cortez.
Pero como en político 2+2 no necesariamente suma 4, había que cerrar el paso a Francisco que, con su bonhomía y parsimonia, (cual Leonel del 96 con su cara de yonofuí) es de los pocos políticos de Santiago que posee, no solo un sólido liderazgo regional, sino también nacional. Y eso sí que es difícil construirlo contando apenas con trabajo y servicio social, un Dios de los pobres, más trasparencia que la piel de Lucia, la del Doctor, y con más honestidad que la de San Pedro, que era portero. !Y en estos tiempos, don Radha!
Por su parte, Julio César Valentín, -un joven político cibaeño al que le abrieron una carretera legislativa y miren ya por donde va- hubiese sido imbatible en la lucha por la sindicatura de Santiago, y no habría llegado el infausto momento en que el país tenga que ver al PLD -cual PRD de los ochenta-, tirándose las cajas y los cajones.
Orlando Martínez escribió hace ahora mil años, que el PLD era un PRD pronunciado por un chino, y ahí andan los morados empecinados en darle la razón al autor de Microscopio.
Si en los próximos días el CP PLD ordenará tres encuestas para entre Sued y Serrulle elegir su candidato a alcalde de Santiago, y hasta hoy los sondeos dan ventaja a Sued, por qué entonces un miembro tan influyentes del PLD como Euclides Gutiérrez, sin tortura ni presión externa, suelta esa página bolero para quien quiera cantarla: «Él ha manejado más de doce mil millones de pesos y ni siquiera ha asfaltado las calles de Santiago. ( ) Sería un suicidio que nosotros apoyemos a José Enrique Sued, ese ha sido el peor de los síndicos de todo el país.» ¿Y entonces? Cómo va a vender el PLD a su posible candidato a Alcalde después de un poema de estos alcances líricos y trepidantes.
Por cierto, el Profesor Fernández no será candidato presidencial en 2012. Casi todos lo sabemos y eso es lo malo.
¡Ay, de la soledad del poder y sus vicisitudes!
¡Sólo el amor en sus soledades, puede ser tan trágico!

