Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

(Patria, mujer, esperanza… y otras redundancias)

 Cuando perdemos, estamos aprendiendo a ganar.

El problema no es la derrota, sino el no saber perder.

La derrota es un training de Dios para que al fin podamos ganar. Y esto tiene que ver con todo, no sólo con la política o los negocios.

Tiene que ver incluso con el amor, donde todo fracaso es el inicio de la victoria que significa una gran pasión, la que una tarde cualquiera, junto con el sol, se acostará en tu cama para que despejes cualquier duda sobre la existencia de Dios.

En los países mulatos, empobrecidos, en estos paraísos diabólicos de la desigualdad maldita, no se puede ser ateos o agnósticos, que es una cosa complicada de la que sólo se puede hablar después de haber cenado o no haberse bañado con el galón de agua prestado de emergencia por una vecina solidaria.

Pero, insisto, es bueno saber perder.

Entre otras muchas enseñanzas, la derrota nos hace humildes para la victoria y sus bondades.

Y así, el día en que una boca se posa en la tuya, y sus labios recorren tu cuerpo con la precisión del mar cuando juega con la arena; el bendito buen día en que llega el sol del buen amor, te saludan los panaderos y te hacen bromas los taxistas, puedes irte feliz a construir tus sueños, sin resentimientos, apoyado apenas, en la brevedad de su cuerpo, empequeñecido sólo ante la inmensidad de su ternura. Ay, don Radha, ombe.

Hay que ser humildes, compañeritos de cualquier color, mujer victoriosa en tu vientre, amen.

Ser humildes, saber perder para poder y saber ganar… algún día.

Ser humildes, saber perder en la política, en los negocios, en la amistad y sobre todo en el amor, sin violencia.

Saber perder y renunciar al abuso. En especial, en un injusto país cualquierizado y marchoso, irresponsable y ahora violento; pobre país cualquierizado donde se ha intentado con doloroso éxito irrespetar todo incluida la vida, la patria, una mujer, la esperanza (perdonen la redundancia.)

Venimos de la derrota. Como patria, nos queda mucho por hacer. Hemos tocado fondo, sólo nos queda mejorar o desaparecer.

¡Qué oscura que está la noche… ¿irá a amanecer?!

El Nacional

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