Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Trincheras periodísticas

             El título se lo tomo prestado a Lluis Foix, de su artículo publicado en La Vanguardia, Barcelona, en abril del 2010.

            Tiene razón, don Lluis en su queja sobre el periodismo español. Pero la suya, tiene también aplicación en nuestro país.

            En la actualidad del periodismo político dominicano, su ejercicio ha devenido en trinchera. Pero como Foix, no hablo aquí de una trinchera periodística de apasionada defensa del bien común o del interés patrio, sino en el periodismo y su ejercicio, como defensa de un gobierno y su partido, o de un partido opositor.

            Tal que la partidarización periodística, que no es lo mismo que la politización, viene afectando la credibilidad del ejercicio periodístico en el país. ¿Y qué es un periodista que ha perdido su credibilidad?

          Hoy, la credibilidad periodística es más importante que nunca, porque el problema de los ciudadanos no es ya la información en cuanto cantidad, sino la calidad y credibilidad de ésta. El mundo es ya un pañuelo, que decía Mc Luhan, pero un pañuelo que cabe en un BlackBerry que nuestras telefónicas ya venden al dos por uno.

          Así como la lucha de clases ha devenido en lucha de marcas, la democracia de hoy es ya una democracia mediática, donde lo que no cuentan los medios, sencillamente no ha ocurrido. En la televisión se ganan elecciones y en los diarios y sus páginas de opinión se conforman gabinetes.

          En nuestra Era de la tecnología mediática y sus influencias en la creación de lo que hoy conocemos como “realidad”,  el periodismo, -en especial el de investigación y el de opinión- ha devenido en jueces de una sociedad que ha perdido la fe en sus instituciones. En los medios ya hasta se juzga, se absuelve o se condena.

          Por eso, es tan delicado el tema de la partidarización de los medios de comunicación y sus mensajes y mensajeros.

          Un periodista debe cuidar su credibilidad, como hace mil años las damas cuidaban su virginidad.

          La gran riqueza de un periodista investigador, de opinión, comentarista, o periodista en seco, es la credibilidad de su firma. Por eso, el periodista que pierde su credibilidad, podrá seguir disfrutando las mieles económicas del poder gobernante o del poder opositor que aquí es también generoso, pero habrá perdido lo principal.

          Perdida su credibilidad ante los ciudadanos, ese periodista será entonces, pobre diablo, un navegante que perdió su brújula, la flor que perdiera el sol; como un Barcelona que perdiera a Messi, o el torpe viajero que ha  perdido el tren del amor y no puede más que sentarse vencido en el andén de su tristeza a vivir de los recuerdos, sus recuerdos… y algún beso.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación