«Hay dolor, pero no es dolor el mundo»
Entrevistado en nuestro Bulevar de CDN2, Guillermo Moreno, implacable como un portero, fue insistente en afirmar que el liderazgo de Leonel Fernández está sustentado únicamente en el clientelismo y la corrupción.
Al escucharlo, no pude evitar recordar aquella canción que Miriam Ramos nos cantó hace ahora mil años: «ay, mariposa, contigo el mundo se posa en la verdad del amor, sé que en el mundo hay dolor, pero no es dolor el mundo.»
GM lo dijo, volvió a decirlo, y no hubo forma de obtener de él un mínimo reconocimiento para el otrora joven abogado, a quien el azar de la política le brindó una oportunidad, (el azar y el brazo amigo de Temo y Danilo) y la aprovechó, dejando atrás a toda una generación de hombres considerados lógicos herederos de Bosch. Y así, con sus buenas formas de «yonofui», -como aquel a quien no le interesa nada más que quedar bien y termina quedándose con todo, es decir con el liderazgo de su partido-, en pocos años LF se convirtió en el principal bien electoral que posee el PLD. Y a las estadísticas me remito.
¿Corrupción y clientelismo solamente? Como en el verso, en el mundo hay dolor, pero no es dolor el mundo. A LF y sus gobiernos se les puede criticar que en el tema de la corrupción y el clientelismo hayan sido continuación y no ruptura, pero también es de justos reconocer su talento y firmeza para recuperar y mantener la estabilidad macroeconómica del país, y generar confianza en los inversionistas nacionales y extranjeros. Ya las estadísticas vuelvo a remitirme.
La contundencia de la acusación de GM refleja una resaca política del antibalaguerismo irracional que practicamos casi todos en la primera juventud, y es lo que explica que a pesar del fracaso de los gobiernos PRD y PLD en disminuir la pobreza y desmontar el tinglado de corrupción creado por JB en sus gobiernos, esa izquierda -con hombres de probada honestidad y entrega como es el caso del propio GM- no sea hoy capaz de concitar el voto del 1% del electorado, a pesar de los grandes avances de sus compañeros de militancia en casi toda Sur América con la única excepción de la Colombia de Uribe. Es la misma izquierda que en vez de aprovechar el escenario de una Cumbre Presidencial para denunciar las promesas incumplidas del gobierno, y proponer acciones concretas contra la pobreza y la inequidad social: en una incomprensible práctica de onanismo ideológico prefiere reunirse consigo misma a cantarse sus miserias y derrotas, dejando al electorado nacional huérfano de una verdadera alternativa política de ruptura y no continuidad con la corrupción y el clientelismo. y la etapa del mal menor continúa.
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