Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

Los héroes también se hacen los muertos

(en abril como en febrero)

          Cuentan que en 1965, un abril exactamente, la Patria le llamó, él respondió con pocas palabras y mucho coraje, y en una reunión se oyó algo así, como: «pero y qué c… es que se cree este embajadorcito de m…» (Algo así más o menos.)

          Hoy, nadie le niega su estirpe de héroe nacional… si es dominicano.

          Su muerte ha sido una pena sin fondo en el alma popular, y miren que el olvido está de moda.

          En 1973, anduvo por entre los montes buscando salvar la patria que nos habían robado y andará todavía en los anaqueles de alguna vieja biblioteca. Todos le recuerdan como un hombre de coraje, valiente hasta la temeridad, terco y firme, jodón quiero decir.

          Como le tocó vivir y ser víctima de las maquinaciones de muchos hombres sin decoro, por recomendaciones de un apóstol cubano, «en el pecho llevaba el decoro de muchos hombres.»

          Pido perdón por la nostalgia. Pero la historia tiene sus juegos y los pueblo sus traidores, que son unos señores medio calvos, generalmente bajitos de estatura, con bigote y algunas libras de más, a veces con gafas. Hablo de homenajeados señores, portadores de portada, prohombres del olvido, perdón por el cinismo. Perdón por la nostalgia, («se debe a que hice muchos borradores, me quedan dos o tres viejos rencores y sólo una confianza.»)

          Perdón este lamento, al que ya sólo salva una esperanza: Hoy nadie recuerda a los asesinos de Francisco Alberto Caamaño Deñó, ningún joven de una escuela de algún campo dominicano preguntará admirado por sus verdugos, conocerá sus nombres, respetará su historia. Sin embargo, cada febrero por la patria, y cada abril por lo mismo, en cualquier tarde, frente a todo mar, si es Caribe, siempre habrá una flor para este hombre que supo ser la patria cuando un abril ella lo necesitó y desconsolada -cómo una madre barrial empobrecida- le llamó llorando, y brotó entonces una frase lapidaria que aún retumba en la entrada de la gloria: «y qué c… se estará creyendo este embajadorcito de m…» Y hubo un puente, un POASI, y hubo un pueblo que, «desnudo y descubierto, aplastó tanques desafió cañones…»

          Que se cuiden los traidores, que gracias a Sábato ya es sabido que los héroes como los genios a veces se hacen los muertos, se hacen los muertos… y resucitan.

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El Nacional

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