La poesía como antídoto ante el cachondeo electoral
El proceso electoral y sus candidaturas no pueden caer más bajo. Más desprestigio no es posible.
Tal que, lo que debía ser una gran oportunidad de fortalecimiento democrático, con lo mejor de cada casa presentado formalmente a los electores como candidato, ha devenido justamente en todo lo contrario.
Y cuando la presión de la sociedad civil, incluidos los medios de comunicación, hace éticamente inviable tal o cual candidatura, pues mire usted que la partidocracia nacional se inventa este cachondeo electoral que consiste en sustituir al candidato rechazado por sus pésimas credenciales éticas por uno de los miembros de su familia, sin importar edad, condiciones ni trayectoria.
Ante tal despropósito, que va conduciendo al país a un inevitable Baninter Político, lo más recomendable, siendo viernes, es hacer nuestras las palabras de don Joaquín Umbrales, que anoche, en El Bomba de aquel lado, mientras Alejandro Sanz explicaba en el fondo del colmadón cuán grande es La Fuerza del corazón, hecho un mar de pasiones, proponía a bella dama lo siguiente:
Si mi amor te da, si mi cariño te alzanza, te propongo construir un amor a prueba de mentiras y a salvo de rencores.
Un iluminado amor que sobreviva a los vientos del pasado, heridas que fueron, lágrimas que dolieron, irrespetos que marcaron, que ofendieron, que dañaron.
Si mi corazón te da, si mi cariño te alcanza, te propongo comprendernos entre besos sin final, y luchas cotidianas; que juntos cultivemos, -como si una flor fuera-, el amor que tú y yo desde siempre, incluso sin saberlo hemos esperado.
En fin, muchacha en cuyas caderas podría bailar el universo, y en cuyos labios parece que vive toda la miel del mundo, te propongo saludar la vida juntos, para que el sol del amor, o sea, Dios, nos ilumine
Y cuando los años pasen, y las hojas del otoño se acerquen a saludarnos, muertos de risa, viejecitos y pícaros, recordaremos entonces, ¡cuánto, cuánto!, nos habremos amado.
Ay, de estos poetas enamorados, don Radha, y usted y yo padeciendo tanto este abominable cachondeo electoral de nuestra partidocracia.

