Más de un reputado columnista y tres o cuatro reconocidos comentaristas de televisión han lanzado el grito al cielo ante la proclamación de la reina de belleza Ada Aimée como candidata del PRD a la vice alcaldía del municipio de Santo Domingo Norte.
Al contrario de mis compañeros, digo aquí que apoyo absolutamente la nominación de Ada Aimée.
El asunto es sencillo: si en el país la política ha devenido en un absoluto relajo, que sea, entonces, un relajo perfumado de mujeres bellas. Por algo tiene uno escrito por ahí, que el mejor argumento de una mujer hermosa es su mirada.
Puestos en ese plan, lo que debió hacer el PLD ante esa candidatura fue reaccionar con su equipo de muchachas buenonas y buen ver, cuyas caderas convencen mejor que un discurso de Leonel, de los de FUNGLODE, por favor.
Admitámoslo: Hay cumbres femeninas que siempre han halado más fuerte que una junta de bueyes. No es lo mismo escuchar un haiga, un habemos, un hubieron, en la voz orgásmica de una bella mujer, que la pronunciación de tales palabras de parte de un señor impresentable que hasta piensa con faltas de ortografía.
Pongamos orden al relajo. Si ya la política es cachondeo y gadejo, y las candidaturas más objetables y cuestionables son presentadas y celebradas sin ninguna vergüenza por una partidocracia tan alocada como irresponsable; si la política electoral va a seguir siendo de cachondeo total, que lo sea con muchachas como Ada Aymée como vice alcaldesa o lo que sea. Y que el PLD, y su CP, en reunión de urgencia, reaccionen postulando a cualquier cosa a su racimo de chicas jovencísimas y buenonas, que las tiene.
Si no ha de llegar al poder la Revolución del ejemplo, la socialdemocracia con justicia ni el boschismo ético y moral ¡tan derrotado!, que por lo menos llegue al ayuntamiento de Villa Mella una mujer joven y bella en la primavera de sus 20 años, y que no diga nada: Su sonrisa envuelta en el ensueño bíblico de sus ojazos negros será su discurso más preclaro e iluminado como su cuerpo.
Al fin, ante unas piernas interminables y esas cumbres repetidas, ay, uno perdona feliz y emocionado todos los silencios.

