Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

La maldición de los indispensables
     Será porque el cinismo está de moda y la doblez está en sus buenas. (Aquí, como los malos cirujanos, operamos bien pero los pacientes se nos mueren, la democracia y sus fundamentos, por decir.)

        Tal que en cada marzo, el instrumento de relaciones públicas por excelencia consiste en seleccionar señoras y hacerle un homenaje, con muchas fotos, mucha TV y su nota of course.  No importa si la historia de quien organiza el homenaje lo que inspire y merezca sea un Tedeum de misa llorada, petición formal de perdón con jipío y excusas ante tanta muerte provocada, tanta viuda convertida, tantos hijos sin sus padres. A este paso de cinismo y doblez, -que está de moda- sólo falta que el Partido Reformista rinda homenaje el próximo marzo a doña Manuela Aristy o a Mamá Tingó, si anduviera por aquí, a Gladys Gutiérrez y sus memorias. ¡No te jode!   Igual pasa con temas tan fundamentales como la educación o la reforma constitucional, la institucionalidad o el caudillismo. Por ejemplo, mientras se hacen versos de cierta calidad sobre la educación y sus virtudes, así el amigo Cándido, por ahorrarnos el laboreo, (que después del bulevar TV, estas madrugadas ya no rinden como antes) nos envía estos datos del Foro Económico Mundial: De 134 países, la RD ocupa el lugar 129 en materia de corrupción, 133 en calidad de servicio eléctrico, 134 en calidad de la educación primaria, 131 en calidad del sistema educativo, incluida ciencias y matemáticas.

         Hablamos de reforzamiento de las instituciones de la democracia, sin embargo, en los hechos, ya está en camino, atada y bien atada, una modificación constitucional que debilita a los demás poderes del Estado, plantea una reelección casi indefinida, y llega al exceso de establecer -en su artículo 102- la Presidencia como símbolo de la unidad nacional y continuidad del Estado. Ya en ciertos oráculos tertulianos se habla de “vacío político”, y hasta de volver al olvidado “sin ti se hunde este país”, que creíamos superado.

Es la maldición de los indispensables, pero eso es tema para otro bulevar, en otra madrugada. ¡Que siga el son…!

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