Disfrute tanto/tanto cada parte y goce tanto/tanto cada todo, que me duele algo menos cuando partes, porque aquí te me quedas de algún modo.
Réquiem. Silvio Rodríguez
Lo mejor de este año que termina fue el poder, el saber que podemos. O como dicen los malos traductores de buenos autores anglosajones: El empoderamiento.
Por primera vez, desde las heroicas jornadas de patria en aquel abril tan olvidado, o desde aquel movimiento espontaneo y barrial de indignación generalizada en 1984, un pequeño pero sonoro segmento de la población, -tradicionalmente alienadito de jalouin y sanguivín, de canciones de Sting y fornicios envidiados-, ha dicho aquí estoy ante el descalabro nacional de todas los indicadores de la sociedad dominicana: Mujer. Seguridad. Familia. Economía. Política. Amores.
Ha sido maravilloso que en medio de este tocar fondo, aparecieran como buenas noticias o amores nuevos unos chavales indignaditos y radicales, moraitos de rabia, consternados de telediarios y realidades.
Hablo de unos chicos a veces irrespetuosos, exagerados, histéricos, sí, pero ¿y cuándo van a serlo sino ahora? Nuestra generación también lo fue… y que suelten de una vez los cinco MPD. Y si no los sueltan hay candela. Hagan memoria. Desde siempre, para los jóvenes, el futuro es una vaina que se han inventado los viejos para robarles sus sueños.
Son unos chicos que han cambiado Miami por el parque La Lira o el Obelisco Hembra; jóvenes que ya no invierten su tiempo en contar los amantes de la JeyLo, o en mirar ensimismados la penúltima foto vagabunda de la Rihanna, porque ahora lo suyo es ver Nuria y coleccionar en el Ipad los casos más flagrantes, descarados y/o impunes de la corrupción nacional que si bien desde el primer amante de doña Leonor en Las Damas a los maipiolos de Trujillo ha sido sempiterna, en verdad nunca había sido tan descarada, impune y chulita. Que lo mucho hasta Dios lo ve. Joder,
Lo mejor de este año han sido estos jóvenes pre-ocupados por reinventarse su país, convencidos de que el sueños americano despertó, y que de Europa ya sólo nos queda la nostalgia de París, los bares de Madrid, los pubs de Londres, las amigas de Roma, ay, y el puente San Marcos y las chicas rubias de alterne de los puticlubs de Praga.
Muere el Welfare estadounidense y el malestar de la economía y la maldad de los mercados acaban con el Estado del Bienestar de Europa.
Entonces, al fin lo entendimos. Sólo nos queda este suelo, este barrio, aquella esquina a la que tan formales, a veces le llamamos patria.
Nuestro jóvenes lo han presentido y a tropezones y alguna caída, entre excesos y algún insulto que sobra… van encontrando y marcándonos el camino a los mayores. Esto fue lo mejor del año que termina.
¿Lo peor? Lo peor es el miedo. La familia que no es. El amor que ya no viene.
Lo peor ha sido el cadáver de esa mujer asesinada ayer, entre hoy y mañana o mientras esto escribo, porque un espécimen macho no entendió que el único rencor posible contra una hembra es un bolero, la única venganza varonil y masculina: ser feliz.
Lo mejor fue el poder, la juventud sublevada, la esperanza repetida, las tardes de mar, bahías de la noche, cuerpo de mujer, chinola y delicias de leche con coco, la dacha en el campo azul y pequeña, lucían las amigas, un banco; la vida que como una patria, a fuerzas de besos, abrazos y sueños, se niega a morir. ¡Trabajo y salud para 2013!

