Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

Pablo McKinney 
         Anoche, todo el país nacional estuvo aferrado a uno de sus escasos orgullos verdaderos: El beisbol.

         Sin embargo, lo que ocurrió en Puerto Rico no fue la celebración de un partido sino la crucifixión de una fe, una tortura hitleriana contra una de las pasiones mayores del pueblo dominicano, apenas superada por la religión de alma, o la de los cuerpos, es decir, el santo fornicio.

         La derrota dominicana ante Holanda, -como si en futbol Brasil perdiera de Dominicana-, quedará escrita en la antología de las vergüenzas patrias. Era lo último que la faltaba a un país en desbandada ética, social y política. Hasta anoche, fuimos un país a quien el beisbol siempre salvaba de sus complejos y vergüenzas, de sus atrasos y bochornos. A peor política, mejor beisbol. Cuando se iniciaron los “doce años”, y llegaron los muertos y las torturas, Juan Marichal andaba los estadios gringos acariciando una nacionalidad humillada que él hacía digna con su pierna saludando el infinito. Felipe Alou, fue la patria que en un abril perdimos, cuando los asesinos del gobierno reformista andaban cazando muchachos por las calles y las escaleras, Amín Abel en su muerte, por decir.

         Bastante ha sido ver a nuestros partidos liberales llegar al poder para gobernar como conservadores de la peor calaña. Ha sido humillante que, de alguna manera, el trujillismo todavía nos gobierne a través de la influencia y poder de sus herederos más recordados que son ahora  perínclitos gubernamentales de la Res pública, bienvenidos a Palacios, Congresos, seminarios. (“Don Juan, muy bien, gracias, ¿cómo está su familia?”)

         Hasta anoche, los dominicanos andábamos muy mal en una sociedad desigual como pocas, que lidera negativamente la educación continental, a un tris de tener una constitución monárquica, con reelección casi indefinida, un reformismo adquirido, un PRD dividido, la economía preñada de temores y un PLD que ya no es más el PLD por ser apenas un partido conservador muertecito de éxitos electorales y el Dr. Bonillita Aybar de Embajador en Cancillería, de la mano de Carlos M.T.

         Sin embargo, ninguna de esas tristes realidades detuvieron mi fiesta casera de anoche por ver ganar a Dominicana, hasta que acudió el desastre, una humillación peor que el olvido: Perdimos de Holanda. 

         Joder, don Radha. ¡Ahora sí que somos pobres!

elbulevarconpablo@gmail.com

El Nacional

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