Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Muerto El Terror, matemos el miedo

“Toro bravo, toro bravo, surcador en tierra ajena/ pregúntale al labrador/ quién le regaló la pena/ la pena torito bravo que la conoce el yuntero/  la pena y el hambre larga/ que le regaló el hatero.” Grupo Convite.

La reflexión me la presentó formalmente esta madrugada su Excelencia el embajador Oviedo Landestoy, mientras reinaugurábamos “El Sartén” en la calle Hostos, en una actividad a la que no pudo asistir el Presidente Fernández, ni el otro presidente Vargas, ni estuvo el ministro Almeyda ni nadie de La Embajada, lo que garantizó una noche de pleno goce en libertad, con la sanidad de unas “frías” (Presidencia sin oposición), y además protegidos por la mejor seguridad, que era la que inspiraban unas muchachas de curvas irrenunciables, que se paseaban desde su mesa en el bar de al lado al baño del “Sartén”, mientras en el “stereo picó”, el Compay Segundo nos explicaba lo que había ocurrido a Tula por no apagar la vela.

La reflexión es esta: Ha muerto El Terror, enterremos el miedo.

Luís Días era un duende. Miguel De Mena lo explica muy bien en mil textos, desde Berlín y desde hace un siglo. El Días era un Charlie García caribeño, un Sabina de la Zona,  que vino de Bonao a demostrar que lo importante de un creador/artista es su obra, su trabajo, y todo lo demás sobra. 

Vivió como quiso. Como me ocurre con Sabina, yo no lo hubiera recomendado para marido de mis hermanas, pero como artista dejó una obra que por su calidad y transcendencia ningún músico dominicano vivo supera, y no hablo de vender CD, llenar estadios o ser oráculo de cerradas élites intelectuales (más algunos pseudo intelectuales sin obra) sino de lo aportado, los mundos musicales acariciados, los universos folklóricos descubiertos. “El guardia del arsenal” es el “Pedro Navaja” nacional, “Cien años de Soledad” musicalizado.

Como es normal en una patria de pobres vivos y grandes muertos, ahora, ya cadáver, tal vez alguien se encargará de editar y divulgar su obra, incluidos los trabajos del Grupo Convite del que musicalmente era alma y corazón.

Si ha muerto El Terror, enterremos el miedo. Pero ya ven, me he quedado sin espacio, por lo por lo que otro día hablaremos de esta patria asustada.

El Nacional

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