y así volvió la esperanza, envuelta en un velo de amor que cubría un mar revuelto que, celosos custodiaban dos cumbres repetidas . J. Umbrales. Primavera sin esquinas.
Hoy llegan todos, hoy van llegando.
Todos apresurados con su cronometro de muerte a contar cadáveres, como siempre. Sirenas de la muerte, porque un accidente, un borracho iba pasando, un ahogado en su imprudencia.
Vuelven todos: el torpe y el prudente, la señora que feliz que vio el mar y una fuente, la niña y su padre recortando horas a la distancia. Todos vuelven.
Hoy volvemos todos, aunque quizás debimos quedarnos fuera, para, desde el campo, una playa, un río, esos atardeceres, ay, inventarnos el país que ya perdimos.
Pero aquí estamos, don Radha, vueltos al redil de la misma trama, ahora con un policía honorífico narcotraficante y querido, más unos delincuentes buenagente que coleccionan cédulas como besos, impunidad como abrazos.
(A quien se le habrá ocurrido este regreso, si Romana florecía, en Juan Dolio hubo una tarde, en Palmar hubo dos niñas, en Salinas bailaba el sol si la Paola mayor sonreía.)
Qué carajo hacemos aquí de nuevo, empecinados en enterarnos del triunfo prepotente de la muerte, más las fechorías impunes de lo peor de cada casa, porque ahora las élites partidarias reparten candidaturas como chuflais, insultando arrogantes- a las bases partidarias.
Hoy llegan todos, van llegando.
Llega quien conectó a Agosto Figueroa con el poder. ¡Qué buen carro! Un Blue Label le acompaña. (Que sufra Orlando Gil con su Barceló Dorado, él pudo ser abogado y eligió esto del periodismo, que se j .)
De este lunes, lo peor es la muerte celebrando, mientras nosotros, desde nuestros medios de comunicación, le cantamos y cantamos. Somos sirenas de la muerte, los mendigos del dolor ajeno.
Pero en medio de este cruel estercolero en la política y la ética, brilla una buena noticia, una sola bienvenida.
Es un regreso, tan esperado, como si de un sol nuevo se tratara, como si llegara la pasión en CPS y toda esta tarde fuera una primavera florecida con todas las esquinas de su alma intactas.
Por esta tarde, o quizás ya es noche, paremos de contar muertos y, casi felices, demos la bienvenida a la luz que inspira con su presencia la certidumbre posible de celebrar la vida.
(Y que se joda, aunque sea por amor, la muerte).

