Suicidada la guerra fría, ya no es el comunismo el fantasma que recorre el mundo, sino la violencia contra la mujer quien lo habita.
Y ahí está.
En la inmensa mayoría de los casos, una bestia incontrolable no sabe qué hacer con sus frustraciones y las descarga en el cuerpo o la psiquis de una mujer…. en la mayoría de los casos.
Pero existe una minoría de casos, inmensa minoría, rodeada de todos los argumentos con que se condena al macho abusador contra la hembra…. pero a la inversa.
Damas hay de quereres enfermizos, negadas a aceptar la pérdida del hombre con quien han establecido una enfermiza relación, no de amor sino de dependencia afectiva… y aparece entonces el drama de la agresión, la provocación y la difamación y la calumnia. O sea, la misma historia del hombre contra la mujer, pero a la inversa y siempre insisto y destaco- una exigua minoría.
Pero esa pequeña minoría, aunque minoría, existe. ¿Un caso de cada diez? ¿cinco de cada cien? Es difícil saberlo, pero fiscales y jueces saben de qué hablo.
Existen historias de antología. Abusos increíbles que llegan a un límite peor que el de la muerte física, que es la muerte moral. Al fin, nadie se muere un día antes, sólo lo de pagar impuestos es tan seguro como morirse.
Hoy, dada la historia y los siglos de impune violencia contra la mujer, ha desaparecido el concepto jurídico de presunción de inocencia, en especial en una prensa amarillista en desesperada búsqueda o aumento de lectores, radioescuchas o televidentes. La lucha por el rating y la agilidad que le impone al trabajo periodístico la existencia de una redes sociales, está acabando con un elemento fundamental del oficio periodístico: la confirmación de una noticia, la confrontación de las partes. Dónde fue a parar la presunción de inocencia.
Recientemente en Santiago, una mujer acusó a su ex pareja de haber intentado violar a su propia hija, días después se desmontó la calumnia. Muy bien. Sí. Pero y ahora, quién revive a ese cadáver moral víctima del amor enfermizo de una ex pareja negada a aceptar el derecho a olvidar que tiene un hombre… como una mujer.
Y vean aquí, cómo se repiten los argumentos sólo que ahora en contra del hombre, en la minoría de los casos sí, pero se repiten.
Si el 10 por cientos de los casos de supuesta agresión contra la mujer es falso… qué hacer con los ciudadanos que han sido víctimas del enfermizo amor de su pareja. Es la minoría, la inmensa minoría, ya digo, pero existe y esta ahí. Una minoría que por serlo no ha perdido sus derechos ciudadanos a un buen nombre.
Por eso, dada esta realidad impuesta por siglos y siglos de abuso contra la mujer, el hombre también ha de tomar sus precauciones… huya de la mujer violenta e histérica como el diablo a la cruz, las Estrella a la corona o el PRD al entendimiento. París bien vale una misa, pero el un rapidito y santo fornicio no vale su buen nombre, su existencia ética y moral frente a la sociedad.
Si una dama a la que usted pretende, en los primeros contactos usted la sospecha histérica, insultadora, violenta y cacata, haga usted lo único que en esos casos puede hacer un caballero: irse.
Y no olvide a Napoleón Bonaparte: Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo.

