Parte del problema del ser humano es su obsesión por las apariencias. Los dominicanos sabemos muy mucho de eso.
A tal punto se ha llegado en ese tema en Occidente, que los efectos negativos de esa crisis de valores hace tiempo llegaron a la economía mundial, explotaron en septiembre del 2010 con Lehman Brothers hecha pedazos y todavía hoy no para la explosión ni sus efectos. ¿De qué se trata? Facundo Cabral y Leonel Fernández, cada uno en lo suyo, (Cabral desde su inteligencia espiritual y Fernández desde la economía política y las relaciones internacionales) han explicado -con lógica y creatividad- las razones de esta crisis.
Según me contó Facundo en el barrio chino de Barcelona, hace ahora mil años, el hombre de la jodida post modernidad no puede ser feliz porque, esclavo de las apariencias, compra unos bienes que no necesita, con un dinero que no tiene, para impresionar a unas gentes que no conoce, ni él les importa.
Por su parte, según el profesor Fernández, la economía occidental anda mal porque unos homo sapiens de la especulación mundial, compran un petróleo que no necesitan, a unos señores que no lo tienen y con un dinero que ninguno de los dos posee y así rueda una rueda que ya no depende de la producción ni los mercados, sino de la especulación más vulgar e inhumana. La ley natural de la oferta y la demanda ha sido sustituida por la ilegítima ley de la especulación parasitaria, mortal para la estabilidad y sostenibilidad de la economía mundial, y letal para la paz mundial a mediano plazo. Tal que a estas alturas de los desencuentros y los egoísmos, sólo en el amor todavía el corazón impone sus reglas, y manda a freír a la lógica especulativa y rastrera; por eso hay quien manda besos que sí tiene, ay, a unos labios que sí los necesitan, y con una pasión que sí le importa porque le inspira la vida. Perdón, que esto parece un bulevar de viernes, don Radha, pero es que lo que hoy necesita el mundo no son economistas de la especulación, sino maestros del buen querer, profesoras de nobles sentimientos y caderas infinitas, para amarse con todas sus horizontales consecuencias, por alcanzar con Machado, la utilidad de nuestras utilidades: volvamos a la verdad, vanidad de vanidades.
Lo que no cura el amor, no hay filósofo, Presidente ni economista que lo cure. Hagan memoria y sonrían.

