Narcotráfico, lavado
y solidaridad
pero entramos en invierno, y están llegando los fríos P. Andión.
Como es fin de año, hoy el bulevar debió venir en plan Krishnamurti, Walter Riso, Osho, Gandhi y así. Pero no.
Tal que, con los años y los gobiernos se fue democratizando la corrupción, hasta que con la globalización de la economía nos asaltó la globalización de la delincuencia, y así llegamos a este reinado del narcotráfico, el lavado de activos y otros dolos.
De repente, trata uno a don Vincho con más respeto, y ya en las recepciones ni le toca el tema de su balaguerismo acérrimo, pues tenía razón el patriarca de los muchachos Castillo Semán cuando hace 20 y tantos años nos alertaba sobre la maldición de esa abundancia maléfica y homicida que es el narcotráfico.
El país es hoy un gran punto de drogas, atrapado entre las comillas de una gran impunidad sin misa en los altares. Una inmensa lavandería, que si bien pervierte a la población, al mismo tiempo la va sacando de sus urgencias cotidianas, y me explico: A uno, -como miembro de la muy solidaría clase media-, cuando le da un yeyo llama a Bebeto García a Hospiten, o se le aparece a Julio Amado y a Nepomuceno Mejía en la Plaza de la Salud hecho un amasijo de síntomas; un mensaje por el BB a Víctor Atallah funciona, y así, entre amigos se van resolviendo las cosas, mientras la santa localiza a Daniel Toribio para la hipoteca en el BR, y llaman a Mármol al BPopular para lo mismo. Sor Navarro, la Josefina, puede ayudar y ayuda desde el BHD, para no hablar de que cualquier chequeo posterior lo resuelve el doctor Tallaj de todas las solidaridades allá en el Alto Manhattan, donde los dominicanos tienen hasta un Centro de Especialidades Médicas de alto nivel, aunque sea el argentino-dominicano Pignanelli quien esté al frente.
O sea, que aquí los miembros de la clase media se lamen sus heridas entre sí, solidaria y cristianamente. Pero al pobre, a Juancito Pérez Vidal, alias Tito, solo el amigo de infancia, narcotraficante y dadivoso, o el laborioso lavador de activos mano suelta por lo mismo, lo salvan de sus apuros materiales. Y así nos va, más bien nos fuimos. ¡Qué oscura que está la noche! ¿Irá a amanecer, don Radha?

