Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Leonel en su centro y el PRD en su disyuntiva

“No va para ningún lado, quien no sabe dónde está”. R. Blades.

          El PRD ha ido perdiendo sus vínculos con las grandes masas nacionales, pero al mismo tiempo no se ha ganado la confianza de los grandes grupos de poder. Ya no es el otrora partido de la esperanza nacional, pero aun no logra ocupar el espacio político conservador al que aspira, y esto por una razón tan lógica como elemental: ese espacio pertenece ya a Leonel Fernández, que en 1994 advirtió el nicho/target político y desde entonces comenzó a trabajar para ganarlo. 

         Hoy, la inmensa mayoría de los votantes conservadores del país ve en Fernández a su candidato. Y es que mi ya viejo profesor, imbuido de un centrismo político al que le ha sacado grandes beneficios, es capaz de inaugurar un Metro y poner el nombre de Amín Abel a una parada, y a la otra el de Joaquín Balaguer, y a la demás adelante Mamá Tingo. Joder. ¡Qué león del centrismo más pragmático!

         En su gabinete tiene a un viejo gerente del imperio como canciller, pero no se olvida de importantizar a Miguelón Mejía, el gran amigo del presidente Chávez, o al Gordo Oviedo que es un procónsul del presidente Lula. Recibió a Chávez cuando estaba en malas, y salvo a Lobo con su propuesta.

         Fernández es un centrista por excelencia, lo que en un mundo sin ideología, dios ni ética, es altamente exitoso, por lo menos en lo electoral e inmediato, y ahí están los resultados: 31 de 32 senadores, y el que falta es su aliado; 105 de 183 diputados. Una fuerza legislativa de 136 curules, que con los 4 del PRSC lo llevan a 140, lo que significa que con cuatro legisladores obtendría las dos terceras partes del Congreso, que le permitiría modificar la Constitución, elegir los miembros del tribunal Constitucional, del Tribunal Electoral, la JCE, la Cámara de Cuentas, y el control del Consejo Nacional de la Magistratura. Como ven, los votos han otorgado a este centrista empedernido y paciente la oportunidad de su vida.

         Mientras, el PRD seguirá en su disyuntiva de averiguar quién es realmente, y cómo debe comportarse frente a este animal político que lo ha utilizado a su antojo, y a quien hace ya mil años definí como “un Balaguer sin doce años, un Juan Bosch sin exabruptos”. Y para colmo, ahora sin Peña, su voz, su autoridad moral.

El Nacional

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