Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

El narco vencedor y la derrota de una ausencia

         En Kingston, Jamaica, soldados y policías enfrentan al ejercito personal de un narcotraficante de nombre Christopher «Dudus» Coke, convertido en un líder social de primera importancia, como un  Martin Luther King pero no de la paz y la igualdad sino de la delincuencia y el asesinato.

         Todo ha venido por la decisión de las autoridades jamaiquinas, presionadas por la embajada gringa, de extraditar hacia Estados Unidos al “Dudus”, a lo que se opone gran parte de la población de los barrios más pobres de Kingston.

         En la guerra ya hay más de sesenta fallecidos y centenares de detenidos. Mientras esto ocurre en la capital jamaiquina, México se desangra por la misma causa, y aquí en República Dominicana las fuerzas militares y policiales de la DNCD son recibidas y tiros, palos y piedras, ya no por los narcotraficantes sino por los miembros de los barrios que consideran a los narcotraficantes sus duendes salvadores, sus guelfear extraoficiales, su san Martín de Porres de la Coca.

         ¿Y entonces?

         Sencillamente, la lucha contra el narcotráfico ha fracasado en el mundo.

         Hoy, el narcotráfico es determinante en la vida política, social, artística, cultural y económica, y hasta sexual, de la República Dominicana, esto, dado las demostradas habilidades de diosas exhibidas por las chicas del narco en su práctica de apasionado fornicio.

         Las elecciones se ganan con dinero. Los amores se adquieren con dinero. Las empresas se salvan con dinero, y el dinero para dar a borbotones y sin límites solo lo tienen los narcotraficantes y sus socios del lavado, más algún político forrado.

         Pero nada crece ni se impone tanto ni con tanta impunidad en nuestras sociedades como el narcotráfico. Y nada avanza tan raudo y veloz como la sociedad extraoficial entre los pobres de los barrios y los príncipes impunes de la droga.

            Y lo que es peor, en el caso dominicano, el drama de un narcotráfico victorioso e impunemente dominante apenas parece haber comenzado.

            A Tempo estamos del Mar, en algún Castillo en Agosto.

            (Por cierto, según Joaquín Umbrales: “duele tu ausencia como si me muriera. Y te amo.”)

El Nacional

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