Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

El pacto Leonel-Miguel viene a ser la continuidad del pacto Bosch-Peña Gómez que nunca pudo ser. Como ese amor adolescente que no viviste porque nunca te atreviste a robarle un beso a la chica, que diez años después te dice: “pero nunca me llamaste”. Y dale entonces a escuchar a Silvio, por “Óleo de Mujer con Sombrero.”   

¿Llegará este Pacto hasta el santo fornicio, o sea, quiero decir, llegará este acuerdo hasta la elaboración de una agenda/plan nacional de desarrollo liberal, consensuado en lo fundamental, y que los perros ladren?

  No lo sé, pero ni LF ni MVM son muchachos ni ignorantes.

La innegable verdad es que la historia le está presentando a ambos la oportunidad política de sus vidas. Y no hablo de ser presidente o seguir siéndolo por aparecer en los manuales de Moya Pons, y menos de fortuna económica que, como el sexo sin amor, su importancia muere con la victoria, Ni siquiera me refiero a la fama que es burbuja, o a la buena imagen  de académico o empresario exitoso. No, no. Hablo de su estampa ante la historia del país. La inmortalidad de los dignos. Bosch y Peña, por decir.

Y es que, con la luminosa excepción de don Juan y sus siete meses de decoro, el PRD y el PLD han gobernado para, desde el poder, negar sus esencias, su ideología, sus mártires, y, cada uno en su momento, por ganar elecciones se ha abrazado al conservadurismo más reaccionario, fundamentalista y antidemocrático, que en estos día representa, por ejemplo, el artículo 30 del proyecto de modificación constitucional, y sus medievales pretensiones. (A la ortodoxia católica, que la represente la derechona reformista o lo que quede de ella, y no el PRD del presidente histórico de la socialdemocracia latinoamericana, José Francisco Peña Gómez. Y mucho menos el PLD,  fundado, según su padre, para continuar la tarea de Juan Pablo Duarte, el primero y más alto nombre de los liberales de la patria, tan víctima él de las miserias de los conservadores, como en 1963, Bosch fue víctima de esa derechona estúpida y esa Iglesia de entonces tan golpista.)

El pacto es una oportunidad, la hora final de los liberales huérfanos de Bosch y Peña, de Espaillat, Bonó, y si no lo es, será entonces el pacto de los traidores.

El Nacional

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