Desde hace ahora 15 años, la Feria Internacional del Libro es la más importante fiesta cultural del país.
La Feria es al ministerio de Cultura, lo que a la estabilidad macroeconómica es al Banco Central y los ministerios de Economía y Hacienda: la mejor cara del gobierno.
La peor cara gubernamental ha sido ese no poner freno -a las buenas o a las malas- a la descomposición social que viene creciendo desde finales del 2003 y no ha parado.
El gobierno de Fernández tiene el mérito de haber recuperado la estabilidad macroeconómica en 2005, y de mantenerla a pesar de dos crisis mundiales, pero con la descomposición social y el aumento de la inseguridad ciudadana no ha podido, en especial en los barrios bien, donde hasta finales del siglo pasado, era ya gran noticia un acto de violencia, una acción delictiva. El caso Llenas Aybar es un trauma nacional.
Uno, que tiene ya casi todo escrito y pensado, advirtió en 2005, que más que aumentar, la violencia y sus fauces venía bajando hacía los centrales polígonos de Santo Domingo y Santiago.
Mediáticamente hablando, no es lo mismo la muerte de un chinero del barrio 24 de abril, que el asesinato en el centro, de un miembro de familias conocidas y reconocidas por los medios y los clubes sociales; como el asesinato de una diplomática en Gazcue, no es lo mismo que la muerte a tiros de un joven en Villa María, en un pleito por un punto de drogas.
Pero ahí esta el drama.
Entre desempleo, aumento de la violencia y la descomposición social, los terribles apagones, -un problema de mediados del siglo pasado-, más un urgente cambio de modelo económico y tributario que haga más justa e inclusiva la sociedad, además de priorizar la educación sobre todo lo demás, ahí está la agenda del próximo presidente de la República.
Pero no. En la práctica, de parte de nuestra partidocracia terrible en lucha mortal por el poder presidencial, lo uno que ha mejorado maravillosamente ha sido el uso de la tecnología para llevar a cabo campañas de difamación contra el otro a partir de medias verdades.
Así, mientras uno facilita cintas de grabaciones telefónicas para que la división del adversario se profundice y un chin de sangre llegue al rio de la división (Oigan la nitidez y calidad de las grabaciones que le hacen a Guido); el otro perfecciona sus aliados nacionales e internacionales de jaqueo y edición con Excel, para filtrar cuentas e informes bancarios vulgarmente manipulados. Como en el campo del amor, donde cuando una mujer regala una foto está prometiendo el original, ¡ay, amor!, así, en la guerra mediática por el poder, déjame ver, escuchar o leer tus titulares (tan repetidos) y te diré quién eres y a quién sirves. Es la guerra. El infierno.
A ver si Dios y Tatica, la de Higüey meten sus manos, y el 20 de mayo es la semana que viene, tal vez el martes, como a las diez.

