Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

Soy un convencido de que para madurar y avanzar, nuestra democracia necesita un “cuco”, un “pájaro malo” que desde las sombras aceche mal intencionado.

Y existen antecedentes: Antes de ponerse de acuerdo y apostar a la democracia, los españoles tuvieron a Franco, que, aunque enterrado en su Valle, dejó rondando unos generales, una derechona que, de tan golpistas, si SM El Rey, don Juan Carlos, en pijamas, no se pone el uniforme, la bandera y “un par”, y dice cuatro cosas por televisión en aquel 23Fde 1981 de Tejero, todavía estarían los franquistas gobernando las Españas.

Más que Suárez o González, fue el cadáver de Franco, más la derechona golpista, quienes lograron que los españoles -esos señores que gustan del carajillo mañanero y las mulatas bajas- se pusieran de acuerdo en construir su democracia. Pacto de La Moncloa. En Chile hubo concertación  porque hasta ayer en la tarde Pinochet respiraba. En

Europa vive el recuerdo de lo que fueron capaces los totalitarismos.

Esas garras, ese oprobio, esos hornos crematorios, esos Gulag, fueron los que inspiraron en 1954 la creación de lo que luego sería la  CEE, y más tarde la Unión Europea. Pero aquí, con Trujillo tan lejos como Madrid, con una población que desdice de los partidos pero a la vez vota por ellos, y en el Barómetro latinoamericano acaba de demostrar sus preferencias mayoritarias por la democracia, los dominicanos nos descuidamos y cada día buscamos la manera de desprestigiar, de restar credibilidad a la democracia y sus valores.

Por eso, hace falta que vuelvan, sino Trujillo, lo que ya no es posible, por lo menos sus restos, traídos a la Iglesia de San Cristóbal; y que construyamos en el local del PRSC el “Museo del Horror Trujillista y los 12 años”, para que no haya olvido. Y que un Partido Trujillista alcance el 10% de intención de voto ¡A  ver si es verdad que el gas pela y las gallinas mean! Sólo entonces, quizás, nos dispondremos los dominicanos, nuestra partidocracia irresponsable y nuestra aristocracia el dólar, (lavado o no, incluido) a construir una democracia justa y verdadera, no antes.

Por todo eso, me repito en afirmar: ¡Que vuelva Trujillo a la iglesia de San Cristóbal! Y que la nieta escritora lea el panegírico. Eso.

elbulevarconpablo@gmail.com

El Nacional

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