Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

No es mentira que uno escribe libros, crónicas, ensayos o poemas para que lo quieran y para sentirse socialmente útil. Por qué no admitirlo.

Sólo que esta vez, además, uno ha escrito este libro para saldar una deuda con la difícil lucha de alcanzar la inalcanzable objetividad que debe perseguir todo hacedor de textos.

Por eso, inmediatamente después de publicar en 2005, un diario sobre los últimos 372 días del gobierno del PRD que encabezó Hipólito Mejía en 2000, (“El año que vivimos en peligro”), uno asumió la tarea de escribir “El peligro de vivir los años”. Y anoche, en una inolvidable tertulia ampliada de buenos, y viejos y nuevos amigos, cumplimos con la tarea autoimpuesta.

El intelectual y ministro, José Rafael Lantigua, presionado por el imperialismo de la amistad, hubo de volver a presentar (ahora la tercera edición) del libro que ya había analizado magistralmente (para mi ego sano y mi salud mental) en 2005. Mientras la presentación de “El peligro de vivir los años” fue responsabilidad del historiador, poeta y dirigente político, José Miguel Soto Jiménez, que estuvo genial y terrible, con un gadejo intelectual y pueblerino que Dios se lo bendiga pero que no se lo aumente. 

Tradicionalmente, uno aprovecha la presentación de sus libros para reunir a la familia y los amigos y agradecerles su existencia. Sin embargo, dada la proximidad del proceso electoral, esta vez decidimos pasar del agradecimiento y los afectos, al análisis y el concepto, abusando de quienes cometieron el acto heroico de acompañarnos, a pesar del caos del transito, el proceso electoral  y la mala hora. Y lo hicimos.

Obviando los amores  y las estampas que presenta el libro desde la poesía o la sociología, y centrados en la visión política de lo que allí se cuenta y analiza, digamos que “El peligro de vivir los años” es el diario y es la crónica, entre otras muchas cosas, de una estabilidad macroeconómica en tiempos de crisis mundiales y variadas, pero lograda a un precio muy alto por el gobierno del PLD en 2004: Hablo del Cambiar impunidad por gobernabilidad como único camino y forma para sobrevivir al juego duro de un PRD que entonces, -(y quizás es bueno recordárselo a quienes se han inventado como bajadero moral esa contradicción en los términos que se llama Dictadura Constitucional)- controlaba prácticamente todas las instancias de poder del país, con la excepción de la Iglesia católica, el CONEP, el bar de Correa en Villacom, y un centro de masajes en Gazcue, muy bien decorado, según me cuentan. Y todo por expreso mandato de la voluntad popular, justo y como ocurre ahora con el PLD. Solo que ahora el rencor ciega y la derrota por el triunfo ajeno envilece.

De ese cambiar Impunidad por gobernabilidad le llego al PLD el éxito de recuperar la estabilidad macroeconómica, pero también la maldición del destape ético de funcionarios a quienes se les puede aplicar una sentencia terrible: “A exhibición fantoche de bienes, relevo de pruebas”.

De ese trueque seguiremos hablando mañana si Dios, don Pepín y don Radha quieren.

El Nacional

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