Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Ahora que Leonel Fernández ha admitido, como un Balaguer redivivo con valla y todo, que “somos hijos del destino” y recordado que “el pueblo es soberano y siempre tendrá la última palabra”,  ha quedado demostrado que si bien al profesor le gustaría abandonar el poder en 2012, -por la niña Yolanda, sus libros por escribir, sus conferencias en las academias, y su paso por la OEA, FMI u otro organismo internacional-, tampoco se trata de regalárselo a la oposición.

Esto el pueblo lo dice mejor que nadie: “mejor en el poder con presión, que en la oposición con depresión”. Como la vejez, “la oposición es larga, costosa y dolorosa”. 

          Entonces, como he escrito otras veces, que Leonel intente reelegirse o no, no depende de sus preferencias académicas o su amor por una niña curiosa que quiere disfrutar los libros del padre, pero con el padre al lado y no en Palacio. No. La salida de Fernández del poder estará determinada por la posibilidad de que uno de sus compañeros de partido, ya candidato, sea capaz de vencer al PRD, una maquinaria electoral que aun dividida, hecha trizas por sus propios dirigentes, acaba de obtener el 42.78% de los votos en el nivel municipal y el 38.40 en el congresual. Y ahí está el problema.

          En el PLD, Leonel sigue siendo -hasta la fecha y según las encuestas- el único capaz de derrotar a un PRD que, como decía el doctor, al igual que los cuervos “pelean de día pero duermen juntos de noche”. La noche perredeísta serían las elecciones presidenciales. Para colmo, el segundo lugar en las preferencias moradas lo ocupa hasta ahora la señora de Fernández, lo que significa que ambas son preferencias del mismo dueño, de la misma familia.   

          Por todo esto, vuelve y pregunta uno: Si llegado julio 2011, LF tiene 48, Margarita 32 y un tercero no supera el 20% de las preferencias, ¿con cuál de nuestras caras le pediremos al PLD, nosotros, -los que no gustamos de una tercera reelección-, no llevar a Leonel Fernández como candidato? 

Y menos ahora que el profesor ha recordado que el pueblo es soberano, y admitido que, como Balaguer, él es también un hijo del destino, que, como se sabe, hasta en el bolero es el que «manda, y tú sabrás un día comprender esta verdad amarga/ yo sé que es imposible nuestro amor”, ¿lo será también la reelección? Mañana sigo.

El Nacional

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