Tal vez el hecho de que lo peor de la casa imperial de don Fernando e Isabel llegara aquí hace algo más de cinco siglos, tuvo algo que ver con el asunto.
O tal vez, algo explica saber que estas tierras desde siempre han coleccionado verdugos; que aquí siempre han llegado demonios, algunos vestidos como Dios y hasta hablando en su nombre, con argumentos tan poderosos, que gracias a Neruda sabemos que convertían indios vivos en cristianos muertos… y ni bostezaban con crucifijo y todo
Que siempre hayamos sido una frontera imperial, patio trasero o parteatrá de los imperios puede darnos una pista. Pero debo seguir investigando.
Que hayamos ajusticiado a Trujillo pero en el nombre de las calles sigan gobernando los trujillistas, debe servir de algo a esta búsqueda.
Qué cuando un hombre de las luces quiso encaminar el país hacia la democracia y la justicia social, unos curas sin más Dios que el poder terrenal y el Concordato y sus boronas lo echaran del Palacio Nacional con el visto bueno de unos guardias sin respeto, y unos ricos sin más Dios que su dinero, algo explica. Pero debo seguir tratando.
Que la corrupción sea la más solida y socialmente aceptada institución del país, después de la impunidad, puede traernos luz.
Nuestra incapacidad para definir qué es prioritario-fundamental y qué apenas es importante, también puede ayudarnos.
El país que tiene ya necesarios y útiles metros, autovías, túneles y elevados, no ha podido lograr lo fundamental y prioritario: dejar de ser líder negativo en Educación, embarazos de adolescentes o mortalidad materno infantil.
Hablo de un país donde el Ministerio Publico es la suma de todas las precariedades, donde tres senadores reciben cada mes para sus chulerías clientelistas, más dinero que el que reciben del presupuesto nacional las fiscalías de Santo Domingo, Distrito Nacional y Santiago juntas. ¡No te jode!
Es un país líder continental del atropello policial al ciudadano, líder en el número de adolescentes/niñas embarazadas o violadas, que son, además, las víctimas demoníacas de un Opus Dei medieval y torquemada que les impide interrumpir el embarazo, y hasta recibir educación sexual.
Es el país de todas las absurdidades, donde el sicariato es una empresa tan solida como un baninter de la muerte, donde el ciudadano está desamparado ante unas patrullas policiales que actúan como bandas de asaltantes por un quinientón para cenar…
Es este infeliz país de todos los olvidos y todas la traiciones, quien a través de los legisladores que le representan acaba de crear una vaina constitucionalizada y todo- que se llama DEFENSOR DEL PUEBLO, cuando no es siquiera capaz de algo tan simple como cumplir y hacer cumplir sus propias leyes.
En qué jodido momento se fueron Dios y la María de vacaciones, cuándo se marchó la racionalidad y la lógica de esta patria cuyo único estandarte de salvación es la posibilidad del amor… pues antes que sucumbir ante la traición y sus martirios, siempre será mejor obedecer a Dios (que es amor) y entregarnos al santo fornicio y sus delirios. (Por suerte, cada vez que, atrevido, vuelvo a robarle un beso a esa mujer, Lucifer nos ve, se enternece, se entrega a Dios, reza… y pospone de una vez la destrucción del universo. )

