Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

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¿Y de que chistera sacó uno el pronóstico que esta semana la encuesta Penn, Schoen and Berland, (con su hallazgo de que  en un hipotético escenario electoral Leonel Fernández vencería a todos sus adversarios, y alcanzaría un empate técnico con Hipólito), viene a confirmar?  

El asunto es sencillo como verme en sus ojos o imaginar que ella está.

Es un grave error confundir nuestras opiniones y deseos con la terquedad de los hechos.

Desde aquel agosto de 1978, cuando Wilfrido grabó aquel merengue  (Jeremías) que ridiculizaba al Dr. Balaguer por su derrota, no recuerda uno tan mal momento de un gobernante o ex gobernante en el aprecio de los sectores de la amplia clase media y sus medios que es donde se construye eso que llamamos Opinión Pública. Recordemos también aquí, aquel final de gobierno de don Hipólito Mejía en 2004, y su resurgir a lo Fénix desde el infierno de olvido de sus propias cenizas electorales.

Los denuestos, insultos y descalificaciones, con verdades, medias verdades y calumnias, muchas calumnias, vertidos sobre Leonel Fernández están ya en el museo del oprobio. Ni siquiera FUNGLODE, creada para servir a la educación y el pensamiento dominicano como ha servido, una ONG sometida a lo que dice la ley sobre propiedad de una ONG, se salvó de los misiles políticos, algunos justificados por los errores cometidos por Fernández en su ejercicio de 12 años de gobierno, pero muchos desde el resentimiento y el sentimiento de derrota que en cierta gente genera el éxito personal del otro, lo que es peor cuando ese otro, cinco años antes de 1994, era tan solo el joven profesor de sociología, abogado, demasiado formal y casi tímido que andaba por redacciones de diarios y emisoras pacificando periodistas ofendidos por la arrogancia de las “maquinitas de restar votos” que siempre han existido en el PLD.

Por siempre y desde siempre, muchos ex ministros, ex gobernantes, ex jefes militares o policiales han recibido regalos de sus amigos ricos, suplidores o no del Estado. Hagan memoria y no sonrían.

Leonel rompió la tradición y pidió cómo nadie ha pedido en tan poco tiempo, pero no para una mansión solariega, un villita por acá, un pent house por allá, un paraíso frente al mar para ver morir las olas, no. Fernández solicitó ayuda de sus amigos ricos y hasta de algunos periodistas pobres para construir una institución educativa que no le pertenece y que no ha hecho otra cosa que servir incluso a sus más acérrimos adversarios, enemigos, detractores. Y ahí está la historia y los diplomas.

Repetimos el pronóstico: Sabremos con exactitud qué tanta o qué tan poca aceptación tiene el profesor Fernández en el electorado dominicano, sólo después de transcurridos por lo menos 18 meses de su salida de Palacio Nacional, y van nueve.

Los resultados que esta semana presenta La Lupa son los tráiler de la película.  

No solo los pueblos, también los políticos, intelectuales, empresarios, (-y hasta las trigueñas de buen ver y ojos moros pero aguiluchas-) que no aprenden de la historia corren el peligro de repetirla.

Craso error confundir nuestros deseos con la realidad. El vino de nuestra democracia “será agrio pero es nuestro vino”, y es además el menos malo de todos los que podemos catar en cualquier cava,  incluida la de Martínez Pozo, a quien, solidario, seguimos dando gratuitas clases de enología entre tardes.

El Nacional

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