Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

La flores de fango y el fuego

¿Qué más veremos arder?

 Éticamente, el país se deteriora de manera galopante. Sólo la pobreza material que abate a cuatro de cada diez dominicanos supera, quizás, la pobreza moral de nuestra sociedad.

Y es que desde 1978 hasta ayer, cada gobierno ha sido la gozosa presentación en sociedad de una casta chulera que en 48 meses cambiará su vida y con desparpajo adolescente se ira de gira por marinas, entre tiendas y campos de golf a exhibir con insolencia una  fortuna socialmente aceptada y celebrada en esta infeliz nación de doblez, simulación y complicidades todas, donde un club social da “bola negra” a tres héroes nacionales del beisbol con sus prístinas fortunas, y al mismo tiempo acepta de buena gana a ladrones vulgares de buen trato y mucho english, eso sí.

Pero no es de eso que quiero hablar hoy, sino de los vencidos, de los dignos derrotados que en cada partido sobreviven entre las fortunas de algunos de sus compañeros, a quienes quizás en un agosto 16 regalaron un traje para la recepción palaciega, o en el fervor de una campaña presidencial le donaron $100 pesos de los de antes para el taxi. 

Nuestra partidocracia tiene sus “flores de fango”, que son unos señores tercos, amantes del bolero, radicales en su honestidad, firmes en sus principios éticos, unidos por ser los decorosos derrotados de sus organizaciones. (Y así, Bidó Medina no tendría ninguna oportunidad si fuera postulado a cualquier cosa. De César Pina digo lo mismo, como de Alburquerque, el vice y de Temo, por supuesto. No creo que Esquea o Tolentino tengan futuro electoral en el PRD. A Bello Rosa lo venció el ex senador de Monte Plata. Joder. Eduardo Estrella no llegó al 0.5% de los votos en 2008. Es más, hasta mis dilectos Minou y Pelegrín la tendrían difícil para la diputación si no estuvieran en su circunscripción capitaleña de clase media y treinta de los «Cien años de soledad» o el primero de «Los tres mosqueteros». Ay, de la flores de fango, del genio maldito de Borges y su palabra de dios: “Existe una dignidad, que el vencedor jamás podrá alcanzar.” ¿Qué más veremos arder, qué más?

El Nacional

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