Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

            Comencemos por decir que con sus canciones, Anthony Ríos ha patrocinado más amores que el Estado Dominicano nuevos ricos; que con ellas ha curado mas heridas de amor que el Darío Contreras fracturas de peroné. .

            A este poeta maldito, genial y talentoso, autentico y loco, -como han de ser y son los poetas malditos-, feliz y gozoso le cambiaria uno todos sus programas, entrevistas, libros, bulevares, versos, argumentos e ironías, por la menos maldita de todas sus canciones, o quizás la más cruel: “La almohada le hizo eco a tu suspiros/ las sabanas guardaron tus quejidos// El espejo burlón me devolvía/ tu imagen que amorosa me decía: eres mi amor.”

            Perdón que hoy es viernes, acabo de entrevistar a Anthony Ríos en el Bulevar CDN-37, y por eso la de hoy, más que una columna, parecerá una casa de citas. (“En una nave gris de hipocresía, vas a embarcar tu vida, tu esperanza…”

            Pero no me mal interprete usted, don Radha, ni se traslade nostálgico a aquellos años juveniles en los Pepines, ay, buenas noches, mariposita andariega, rosada flor deshojada sin conocer primaveras, mire que hasta rima. Hablo de citar aquí inolvidables textos poéticos de Anthony, el de Miches: “la mesita cargada con tus cosas/ el teléfono y timbre irreverentes/ recitando poemas sin estrofas/ se hicieron nuestros cómplices silentes/”.

            En la entreviste, quise yo adentrarme en sus cosas, pero fui imposible. Tras cada pregunta capciosa, repleta de envidia y alevosía de mi parte, este Verlaine de buen ron, este Baudelaire sin más ciudad que el Santo Domingo a donde lo trajo hace ahora mil años Joaquín Jiménez Maxwell, no titubeaba y golpeaba: “Verás que falta espacio al universo/ comparado al vacío en que cayeras// y que no existe tierra aquí en la Tierra/ para tu sepultar lo que te espera”.

           Tal que la entrevista terminó, y el  único hallazgo fue la confirmación de mi vieja sospecha: Anthony Ríos es mexicano, hijo de Jaime Sabines, porque como el gran poeta coloquial, desde siempre el amor ha sido para él “una prórroga perpetua”, Anthony siempre se está yendo. Más de una vez, quiso salvar al amor, sin embargo, pero cada vez que lo encontró huyó cobarde hacia unas caricias de emergencia, sin más futuro que unos placeres de paso. Por eso, una boricua, -creo que de nombre Yolanda, ahora no recuerdo, lo golpeó: “Señor del pasado, llegué con los ojos cerrados, puse mi historia en sus manos…  y se quedó allí parado. Se equivoca…” (Ay, de los amores cobardes “que no llegan amores ni a historias”

       Tal que ahora, marchamos hacia etílico rumbo desconocido, citando frases de amores perdidos, viejos versos olvidados propios y ajenos, pero los que más duelen, por malditos, son los de él: “Por qué me siento tan suyo, por qué este afán de quererla, por qué si nunca la tuve, me importa tanto perderla.”

El Nacional

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