Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

  Por qué nos dura tanto esta Edad Media democrática.

            O peor, por qué hace treinta años en cada pueblo del país había una academia con su banda de música, un coro municipal. Los regidores eran notables de la comunidad que dos veces a la semana y sin salario se reunían a revisar la agenda del municipio.

            Por qué con la democracia ha llegado el irrespeto a los símbolos patrios, incluido himno y la bandera, y la corrupción se ha entronizado de la forma más bochornosa y descarada posible. “Cada vez otra vez”, y más y más y más.

             Cuando una vez escribí sobre el por qué del desarrollo de unas naciones y el atraso de otras, alguien me escribió para recordarme que Australia y Nueva Zelanda lograron su “desarrollo» a costa de la marginación de sus indígenas al igual que EE.UU; que Japón lo hizo gracias a la explotación de sus colonias, y Suiza gracias a  su sistema bancario donde nuestra cleptocracia y la del resto de los países del mundo guardan el dinero robado. Echando mano a una frase que escuché por primera vez en voz del Embajador Medina Abreu, le respondí al amigo lector: “Indudablemente tiene usted razón… pero poca.” 

            Y es algo más debe existir, más allá del martirologio de siempre y las conocidas razones que ofrece Galeano en «Las Venas Abiertas de América Latina». El imperio, intercambio desigual y otros poemas.

            Hay algo más, allá adentro, en la individualidad del ser, en la forma de enfrentarse a los días, en la cultura del trabajo, la puntualidad, la responsabilidad social, los esfuerzos por la superación personal, el respeto por las leyes. Algo más.

            Sigo pensando que, mientras vivamos alienados de jalouin y texturizado; mientas exijamos los derechos que nos confiere la democracia pero huyamos de las responsabilidades que ella nos impone; mientras sólo seamos éticos y dignos alejados del presupuesto nacional, mientras vivamos en esa alienación existencial con máscara religiosa incluida, ese tener para quizás ser, entonces, estaremos fritos, jodidos quise decir. No importa si Leonel se queda o se va, si Margarita nos sorprende o Danilo gana. Llega Francisco, o José Tomás “si Leonel no va.”

            Poco importa si Miguel saluda desde la México, o, renacido, vuelve Hipólito Mejía a la casona. (Un Mejía que con sus renacer ha demostrado que salvo robarle un beso a cierta mujer de fucsia,-ay, don Radha, -todo es posible en la política y el amor.)

            Si individualmente no detenemos la rueda de nuestras miserias, irresponsabilidades, pobrezas, siempre será lo mismo, y como en el fornicio sin amor, siempre volveremos al principio cada vez más vencidos… “por la manchega llanura.”

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación