Dominicana vive en el reinado de la comunicación coprológica. Aquí, con algo menos de 20 mil pesos mensuales puede usted comprar 30 min. semanales en un canal TV, colocar dos sillas que ya no usaba detrás de una mesa prestada, convertirse ipsofactamente en colega productor de programas de televisión y llamar colega productora a Jatnna Tavárez o hermano de oficio a mi dilecto Jochy Santos; estar de ahí-ahí con comentaristas de toda una vida como Huchi Lora, o de todos los éxitos como José Gutiérrez.
También existe una cosa que llaman WordPress, que en 5 minutos le convierten a usted en dueño y director de un periódico. Digital, sí, pero un periódico, que le otorga de inmediato la categoría de llamar colega propietario a Don Pepín o Manuel Estrella, o hermano director a don Radha. ¡Joder!
En muchos diarios digitales existe sección de comentarios, donde puede usted escribir -con una libertad más cerca del libertinaje que del derecho constitucional de expresarse- de todo de quien y cuando se le ocurra… y hacerlo impunemente.
En esto de las modificaciones al Código Penal, los diputados nos hicieron más caso del debido cuando les aconsejamos nunca contrariar a quienes compran tinta y cintas DVD al por mayor. Eso no es mentira, honorables, pero no había que pasarse.
El Estado RD es cada vez más incapaz de brindar a los ciudadanos los mínimos servicios sociales, salvo el caso de una pequeña clase media que ha tenido y podido privatizar los servicios que debía prestarle e Estado, y tiene su personal PN, OMSA, CAASD, MINEDUC. (Y dicen que la carga tributaria es poca.)
Si todo esto fuera poco, ahora el Estado no será capaz siquiera de proteger la honra de un ciudadano que puede ser, está siendo y será insultado y vejado sin que el emisor de ese insulto corra el riesgo de ir a la cárcel si no es capaz de demostrarlo. ¡Claro, Mr. Tricom, Monsieur Orange, que no hablo del periodismo de investigación de programas o diarios de reconocida tradición y servicio al país y la democracia. No. Hablo de Medios que son Completos estercoleros de la rentable insulto y el chantaje. Empresas bien montadas para difamar o permitir que a través de ellos se difame. Cucos para que empresarios paguen, no por emitir publicidad sino por lograr silencio. Después del narco y la prostitución, la empresa de la difamación es de las principales del país… y ahora lo será impunemente.
El ciudadano tiene el supremo derecho de criticar, enfrentar, emitir su opinión sobre otro ciudadano funcionario público o no, pero debería tener en su cuello la espada de la ley, que le recuerde que no se puede ir por la vida manchando honras ajenas, pisoteando nombres, humillando familias sin contar con la más mínima evidencia.
No es posible que se pueda difamar impunemente, sin correr más riesgo que pagar una ridícula multa/infracción que se resuelve con un préstamo de algún banco amigo, que por cierto, también los bancos han sido/son víctimas del libertinaje mediático y la comunicación coprológica.
Para vivir en civilizada democracia se ha de tener libertad para opinar, sí, pero con responsabilidad y un par para defender lo opinado, con la vida, o sencillamente con pruebas, evidencias, frente a un juez.
