Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Hasta hace pocos años, en nuestro país eso de “pedir bola” era lo más normal del mundo.

“Pidiendo bola” cada mes, llegaba uno al ISA, en Santiago. “Pidiendo bola” se estudiaba en la UASD viviendo en Baní.

En 1981, compré mi primer carro, y en reciprocidad por tanta solidaridad acumulada, siempre daba bolas a quienes a la salida de Baní o la capital la pedían. Militares y estudiantes con uniforme tenían prioridad en mi Datsun 120A.

De esas “bolas” guardo recuerdos y conservo amistades. “Dar bolas” en los ochentas, era como estar en facebook, pero cara a cara.

Más de un coronel o general, activo o retirado, siendo cabo o sargento; más de un doctor o ingeniero, siendo un vil 011 uasdiano, fue beneficiario de una “bola” que entonces incluía una panela de dulce de Paya, y un par de “frías, off course.

Hasta hace apenas 15-20 años, así se vivía en el país que ya perdimos.

Hoy, detenerse en la salida de la capital hacia Baní, (donde el AMET, y el ayuntamiento SD Oeste han sido incapaces de imponer orden a las bandas choferiles que anarquizan el transito estacionados en triple fila) Hoy, ya digo, sería un acto temerario y suicida el atreverse a darle una bola a alguien, con uniforme o sin él.

Ya los dominicanos nos tenemos miedos entre sí. Somos paranoicos justificados. Solitarios de miedo. Globalizados de mierda… Tenemos casa pero no tenemos hogar.

Según me cuentan, se formica mucho más, (en plan gimnasia sexual, contra el aburrimiento) pero  cada vez existen menos parejas locas de amor, ilusión, sueños, vida.

La pobreza de entonces era material y la desigualdad era mucho menor. Todos estudiábamos con los mismos libros, Algebra de Baldor, por decir.

Para entonces, un rico lo era por tener lavadora en la casa de blocs, una TV, un Chevrolet de 8 cilindros, y una “querida” bien mudada. (El corazón humano siempre ha tenido más habitaciones que una casa de citas, me contó el jueves Florentino Ariza en el acto 69 aniversario del BR)

Existía una riqueza intangible que entonces no percibíamos.

El Twitter era la esquina del parque. Los vecinos eran familia. Muchas veces no existía empalizada que separara una casa de otra, y los muchachos se criaban en una especie de patio español, común. 

Perdón por la nostalgia. Pero ayer, al salir de Baní hacia la Capital, ver jóvenes uniformados de estudiantes y militares, y saber que por mandato de la seguridad, por mis Paola no debía detenerme, sentí algo parecido a lo que sintiera la abuela de Facundo cuando se enteró que había muerto Gardel… “Joder, mi nieto, ahora sí somos pobres de verdad.”

El Nacional

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