Hacedores de caudillos
«Juzga a un hombre cuando te hayas puesto en su lugar». Mercer
Debió ser así.
La desaparición de Juan Bosch, Joaquín Balaguer y en cierto modo de JF Peña Gómez, debió conducir al país a unos liderazgos colegiados, compartidos, que se reciclaran a sí mismo cada cuatro años.
Se trataba de gobiernos con presidentes que al salir del poder se dedicaran a lo suyo según su vocación, o sea, un conuquito en Gurabo, una Fundación en Villa, un gran grupo empresarial.
Ese era el sueño, el planteamiento pero el régimen de Trujillo con sus perversas prácticas autoritarias castró la autoestima colectiva, la autovaloración, la capacidad de autogobierno del ciudadano dominicano, hasta llegar al triste punto en que nos encontramos hoy, en donde este pobre pueblo no puede ya existir sin un jefe, un caudillo, alguien que lo mande sin tomarlo demasiado en cuenta, al fin, para algo es el jefe, el poder es para usarlo, «en política solo se hace lo que conviene. Hablo de un semidios, al que le exigimos que piense por nosotros.
No se trata de que Leonel Fernández o Miguel Vargas pretendan o hayan pretendido convertirse en amos y señores de sus partidos y del país, no, no, profesor, el problema somos nosotros que vamos creando las condiciones para que ese dirigente partidario, por humilde o participativo que sea o haya sido, al asumir la Presidencia esté condenado a convertirse en el semidios sin María que en la República Dominicana ha sido siempre el encargado del Poder Ejecutivo.
El problema no fue Hipólito y sus devaneos autoritarios, ni es Leonel ya todo un zar intocable y venerado, ni siquiera Miguel que -ya lo ven, comienza a presentar sus nuevas credenciales-, no, el problema somos usted y yo, Juancito Pérez Vidal, alias Tito, que somos trujillistas y no lo sabemos.
El lunes sigo, que es sábado y el día invita a unas frías y a bolero: Somos un sueño imposible que busca la noche Nada más que esto somos . nada más Y entonces
