Hacedores de caudillos 2/3
El sábado, terminé el bulevar afirmando que el problema del caudillismo/ autoritarismo en el país no era tan simple como referirse a Hipólito Mejía y sus devaneos autoritarios, reconocer que Leonel Fernández es ya todo un zar intocable y venerado, o que en el PRD Miguel Vargas comienza a presentar sus nuevas credenciales de jefe.
No. El problema mayor y los mayores responsables de esta vocación autoritaria y caudillista somos los ciudadanos, si es que merecemos el elogio de ser llamados así. Existen comportamientos que delatan esa mentalidad trujillista. Así, conozco más de una oficina pública donde al entrar el funcionario todo se paraliza para que pase el señor. Nadie se atreve a compartir el ascensor con él, subir al aparato si el funcionario lo va a tomar.
El problema no es tan simple como afirmar que LF o MV son o han querido ser caudillos o jefes de la partidocracia nacional, no, el asunto es más triste, porque es nuestra sociedad trujillista y maipiola la que practica y exige esos comportamientos.
Recuerdo aquella vez que antes las quejas de periodistas por los reiterados retrasos del Presidente, uno de sus voceros corrigió la acusación ya que, según él, el señor nunca llega tarde a ningún acto porque ningún acto inicia antes de que él llegue. ¡Joder!
A HM desde que llegó al cargo le llamaron ingeniero. De Miguel, ahora resulta que es un avezado estratega político, mientras más de un dirigente peledeísta me ha asegurado que LF es el intelectual más acabado Iberoamérica, y hasta alguno me aseguró en una entrevista en TV que los EE. UU debería lamentar el no tener un presidente como él. ¡Toma ya!
Precisamente, como ha sido LF el mandatario de mejores formas, y más humilde y respetuoso trato a los demás en toda nuestra vida democrática, creo interesante llevar estas reflexiones hasta lo ocurrido en los gobiernos del PLD, y cómo ese profesor, el mismo que ama conversar de comunicación social y política internacional sin que le molesten ni miren el reloj, el que detesta las sirenas y en sus inicios como presidente protestaba por el jipeterio bulloso detrás de su automóvil, con el paso de los años ha sido sometido al mandato maldito de nuestra mentalidad trujillista y caudillista. Mañana sigo.
