San José y Santa María del Pilar un solo corazón tendido al sol
A Víctor Manuel y Ana Belén. Bienvenidos.
Hace ahora mil años, ellos, amigos del pueblo latinoamericano y sus luchas, nos brindaron sus canciones, como quien regala un beso, un verso, una pasión.
(Entonces, aquí teníamos la esperanza, el presagio de un futuro, los sueños de una patria morena de justica e igualdad. (¿Recuerdan?)
Ahora me informa Pedrito Núñez que ya están en el país, que van a Santiago el sábado, creo que al Centro Español.
Ana y Víctor Manuel son dos grandes del cantar solidario, humano, amoroso.
Grandes de ese cantar que, como decía doña Violeta (-antes de que un amor contrariado le robara las ganas de vivir-) «tiene sentido, entendimiento y razón». Yo le añado el corazón, (amor, que no volviste.)
Ellos son la evidencia feliz, la muestra cantable de que es posible la insistencia en ser mejores, aun en un mundo parido de tristezas, derrotas. Aunque alguna vez, vencido, Víctor Manuel admitiera que es difícil convivir venciendo a los demás, nuestra sociedad es un gran proyecto para el mal) Patria o Muerte nos vencieron.
Por eso insisten en andar por el mundo cantando a una utopía que se nos quedó trunca, entre la terca realidad que impone sus reglas y los sueños que el indiscreto de Calderón ya nos dijo, después de la enésima botella de vino: que los sueños, sueños son. Pero le faltó decir, que ellos inspiran la vida. Tagore lo sabía y así lo escribió: ¿Qué es un hombre sin un sueño?
La del sábado, será una de esas escasas y azuladas noches en que podrán ganar los que siempre han perdido, noche de utopías perfumadas de canciones, el futuro que nos robaron, porque en verdad nos lo habíamos inventado.
Esa noche será un placer inmenso, un gusto revestido de nostalgia, recibir a Víctor Manuel y Ana Belén en la hidalga.
Este drama cantado de amores y sueños perdidos serán/deberán ser (por lo menos) tres horas de buenos recuerdos, ilusión, bienvenidas, y que después entre el mar, la soledad, algún beso, y que entre el vino, una fría, mil canciones y que la cante otra vez, San José Sánchez, Santa María del Pilar: Dejo sangre en el papel/ y todo lo que escribo/ al día siguiente rompería/ si no fuera porque creo en ti./A pesar de todo/ tú me haces vivir/me haces escribir/ dejando el rastro de mi alma/ y cada verso es un jirón de piel./ Soy un corazón tendido al sol.

