Existe una autodenominada sociedad civil, que no la sociedad de los zapateros sin lunes, la del sindicato nacional de las amantes sin flores, la central general de aeromozas sin sexo, o la federación regional de porteros odiados.
Sí, sí. Ya lo sé.
Sé que en la jungla política nacional habita una autocalificada sociedad civil que nada tiene que ver con la verdadera, digamos con la unión nacional de venduteras sin cariño, el consejo nacional del amor contrariado, la confederación pasional de damas sin orgasmos, o el más importante: El Foro Social para alternar su mirada con la vida, el clúster banilejo de un mango rodando en su vientre. Ay, don Radha.
Sé que desde mediados de los noventa, existe en el país un invento gringo, importado por la USAID para sus buenos amigos de Latinoamérica, el Caribe y los ex países socialistas de Europa. Fuerza de choque intelectual y mediática, democrática, transparente, frugal y aseada.
Esa autodenominada sociedad civil es algo así como un partido, pero sin votos ni convenciones, sin mano a mano ni bandereos, grajos altos, besos duros, abrazos por doquier, carajitos con mocos, lodazales inmundos.
Diríamos, que es una sociedad civil pero bien puesta. Colocada en el mismo trayecto del poder económico y empresarial, con el apoyo de embajadas imperiales incluida La Embajada que la parió. (Los gringos, ya lo ven, son pragmáticos como un bombero, eficidentes como un cuñado, metódicos como un cartero.)
De la que hablo, es una sociedad civil sin elecciones ni mezcla con esa gleba insurrecta, ágrafa y monosilábica a la que hay que convencer para ganar regidurías, alcaldías, diputación, senaduría o Presidencia.
Por la rabieta mediático/intelectual que parte de ella ha armado por el atrevimiento de la JCE de eliminar la figura del Voto Preferencial sin haberla consultado, uno sosprecha que esta señora societal se ha acostumbrado demasiado a cazar palomas sin andar bajo el sol, a pescar tilapias sin mojarse algo más que la espalda.
Tal parece, que ninguna de las instituciones estatales y sus funcionarios electos por el voto de los dominicanos, (Congreso, Presidencia, Ayuntamientos) puede tomar ninguna decisión, si antes, esta no es consultada, aprobada y bendecida por esa autodenominada sociedad civil que, ¡Cuidado! tiene sus dueños nada imparciales, objetivos ni plurales. (Además, hace ahora mil años, aprendí entre Santo Domingo y Santiago, -Herminia y Morillito, entre La Roque en Salcedo o don Chichí en Baní, que quien paga manda, don Radha, quien paga manda.)

