Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Así como ser limpio no significa ser pulcro, ser hembra no siempre quiere sugerir estar del lado de la dignidad de la mujer, de sus luchas y reivindicaciones.

La justificación y los tristes argumentos de seis diputadas hembras -de cuyos nombres no quiero acordarme- para votar en contra de la decisión de despojar de su inmunidad a un colega diputado condenado por la sustracción de una menor, lo demostró.

Ya no solo el hábito, tampoco el sexo hace al monje y mucho menos a estas monjas de la solidaridad mal comprendida. Digamos que la de estas honorables, es una solidaridad congresual que traiciona lo fundamental, o sea, a ellas mismas como seres humanos y como mujeres.

Menos mal que las sombras también sirven “para distinguir la luz”, según Yupanqui. Nos  ayudan a distinguirla.

La lucha por la dignidad de los seres humanos no se detiene. Hace pausas, a veces dolorosas, pero no se detiene. (La madrugada se oscurece para “bienvenir” al sol y saludarte).

Algo está cambiando. Uno lo presiente y celebra la existencia en el país de una “inmensa minoría” comprometida con la lucha por la igualdad de oportunidades para todos y en especial para todas, para ellas, madre, amante, hija, amiga, o mejor: “semilla, fruto, flor, camino”. (¡Ay!, doña Gloria M.)

De todos modos, por salvarme y cuidar mi salud mental ante tanto despiste irresponsable y tanta incomprensión e inconsciencia, por ser viernes y saber que Vitico canta hoy con el maestro Solano en “Lucia”, me resguardo en la poesía para encontrar auxilio y: “Vencido, asumo amar y amarte en un país de locos, te procuro como un niño, y en cada poro de tu vientre me quedo a vivir como un mendigo que encontrara el paraíso”.

Y queda aquí la advertencia, mi terrible amenaza, honorables diputados todos y todas, honorables, voten, voten, honorables: La única venganza posible ante un amor no correspondido es ser feliz. El único rencor probable contra una hembra/ /mujer/duende/aire/ es un bolero.

Ah, y si alguien quiere saber la gravedad del delito cometido por el honorable legislador, le sugiero cerrar los ojos -aunque se humedezcan- e imaginar que esa niña sustraída, raptada, seducida, secuestrada o lo que sea, es su Paola de dieciséis años. (Y una M que no es de miércoles, don Radha). Por cierto, para que un padre pueda sobrellevar el temor de padecer un drama como este,  inventó el hombre a Dios y por supuesto a la María Magdalena.

El Nacional

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