Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Una vez más la realidad nos orina encima, y una vez mas, irresponsables o ingenuos, creemos que llueve.

No sé si ustedes lo habrán notado, pero de un tiempo a esta parte tras todo crimen  horrendo van la droga, la ignorancia y la ausencia de un hogar, una familia.    

Así llegamos a las tres prioridades “principales y primeras” del país: La educación, la familia y el trabajo.

Sin embargo, a pesar de estar tan claro el camino principal, lo que tenemos en el país es una elite que vive en un París nacional, más una menguada y sacrificada clase media que le sirve… y lo demás: un  lodazal de sobrevivientes cristianos (Solo de la mano de Dios aguanta un pobre su calvario, el agnosticismo es una vaina de países desarrollados).

Hace unos meses, un amigo rico nos prestó su villa frente a la bahía de Samaná. Yo me sentí en Puerto Banús, un Marbella soleado pero florecido de mulatas de buen ver con unas caderas y unas piernas donde no se ponía el sol, (las miré con disimulo, pero las miré, perdón.) En Santo Domingo, vemos admirados la construcción de  chulerías que van desde autopistas modernas, elevados impresionantes, metros primermundistas y carros de lujo que ni en Dubai y ¡qué bueno!, sólo que hemos construido toda esta bella e impresionante modernidad al alto precio de olvidar lo principal: Hablo del ciudadano. La familia, joder, la familia. La educación, estúpido, la educación.

¿Y ahora quién me explica la muerte de doña Estela, madre de este caballero inmortal del beisbol dominicano, Miguel Diloné? Estrangulada y amordaza a sus 75 años. O el asesinato de José Carlos Hernández, víctima de la frustración y el resentimiento de un grupo de muchachos sin familia, sin padres, ejemplo ni Dios…. y mucha droga. (He ahí su Satanismo mayor. Que no hay peor Diablo que ser pobre en un país de ladrones impunes).

El caso de doña Estela, me aventuró a afirmar que presentará el mismo cuadro que el de José Carlos… muchachos pobres, sin familia, padres, ejemplo ni Dios… y mucha droga. (Así me lo confirman ahora mis fuentes desde Santiago).

No sé estremezca ni alerte sus pupilas, no vaya a llorar de rabia, no vaya a buscar sentido donde solo hay orfandad, miseria, olvido.

Esta sociedad de fariseos, cínicos y sofistas que somos, ha comenzado a pagar sus derroches e irresponsabilidades colectivas durante décadas: hablo del alto precio de olvidar lo principal: Hablo del ciudadano, la familia, joder, la familia; la educación, estúpido, la educación… y el trabajo.

El Nacional

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