El régimen que inventó el oprobio
(Trujillo, traición y olvido)
«Ha vivido más la traición que el decoro, pero el decoro vive. Algo parecido a eso debe ser la gloria.» Joaquín Umbrales.
Desde 1978, -con la excepción de los diez años de gobierno del sucesor/delfín más iluminado del trujillismo gris-, la nación dominicana ha sido gobernada por las supuestamente- fuerzas progresistas, revolucionarias o liberadoras del país.
Sin embargo, en esos gobiernos del PRD o del PLD los remanentes ideológicos, económicos y afectivos del trujillismo (los servidores, familiares, amigos y amigas del tirano y de sus hijos) han sido cada vez más reconocidos y valorados, convertidos por las élites políticas y empresariales y sus medios en verdaderas personalidades de la jet set nacional. Algunas de ellas, nunca salieron/ han salido de la nómina del Estado.
Somos un país de tramoyistas, atrapado en unas colindancias familiares y empresariales terribles. Aquí, todos tenemos un amigo que fue del 1J4 y un compadre trujillista que fue enllave de Ramfis, una comadre íntima de Angelita.
Ahora es polémica la posibilidad de la instalación en el país de un Museo sobre la Era.
¿Y por qué no? si aquí gustamos tanto de convertir en Trujillito a cada Presidente. O acaso, han sido las fuerzas trujillistas las que se han inventado aquello de Leonel (o Balaguer, o Peña, o Hipólito) sin ti, se hunde este país. El caballo alado de Hipólito, la reunión senatorial de esta semana en el Palacio Nacional, ¿nos le recuerdan algo?
Como ven, el trujillismo está cada vez mas enraizado en las prácticas sociales, conductuales y políticas del pueblo dominicano. Y esto ocurre, porque los ciudadanos y los gobiernos no hemos sido capaces de negar a ese régimen con nuestro comportamiento; y en la democracia se ha robado con más ahínco, desfachatez y descaro que bajo el régimen unimegaladrón del perínclito, o la dictablanda balaguerista. Y se han irrespetado las leyes, o no se ha tenido la voluntad política o el coraje patriótico de hacerlas cumplir (Ley de Migración), y se funde el país en la frontera y los semáforos, y se descuida la educación cívica, los valores que definen la dominicanidad.
Salgan a las calles, pregunten en los barrios medios y en las aldeas pobres sobre el sentimiento de inseguridad ciudadana que se respira en cada esquina.
Trujillo no vivirá en ese Museo, porque ya vive en cada funcionario corrupto, empresario corruptor, cura pederasta, marido abusador, y en ese plan.
Prometimos democratizar la buena educación, hacer de todo el sistema educativo una escuela Normal con Hostos renacido, y ya ven, casi 50 años después, somos líderes negativos de la región en el tema, y lo único que hemos democratizado con éxito ha sido el latrocinio.
Nuestro problema no es un Museo sino nuestra repetida traición a la hora de los hornos gubernamentales, familiares y personales. Ese limpiasaquismo sempiterno, esa incapacidad para negar a Trujillo y sus nietos de sangre o de afectos, no con misas, carteles, insultos ni postalitas, sino con el ejemplo.
El Museo sobre la Era, como el regreso de los restos de Trujillo al país, debe servir para que sepamos que en las actuales circunstancias éticas, institucionales, políticas y económicas del país, un régimen de fuerza es hoy una opción posible. ¡Zafa!
¡Vergüenza debe darnos tanta nostalgia del régimen que inventó el oprobio!

