Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Rosa en la Televisión de Popy

“Los matrimonios jóvenes no se imaginan lo que deben a la televisión. Antiguamente había que conversar con el cónyuge.”  Isidoro Loi

Inicialmente, el gran aporte de Color Visión -ahora que anda celebrando sus 40 años- fue eso mismo: el color, la transmisión a color.

Hablo de lo que alguna vez fue sólo un sueño en la entonces no tan blanca cabeza de Manolo Quiroz, que Popy Bermúdez llevó a la realidad con su intrepidez, su pericia, su visión empresarial y su atreverse “con un par”. 

Para don Popy, Color Visión ha sido su personal/familiar Instituto Superior de Agricultura, el ISA, que es otra de las hazañas sociales/empresariales de este cibaeño ejemplar, a quien en los años sesenta junto a un  grupo de entonces jóvenes empresarios, le dio por inventarse una gran ciudad con un banco fuerte, una de las mejores universidades del país, y un instituto agrícola excepcional.

Color Visión es a Popy lo que el ISA/UCMM/BP fue a la Asociación para el Desarrollo de Santiago.

Pero, cuidado. En mis nostalgias personales, Color Visión no empieza con el color ni siquiera con Charlie “y sus muchachas” que eran y siguen siendo capaces de vender esquimalitos de 30 segundos en un polo norte publicitario, sino con doña Rosa y la emisora del canal, Radio Santo Domingo, entonces ubicada entre la televisora y el área donde está hoy la oficina de PROVIDEO, de las Piera. Hablo del año 1982.

Doña Rosa era la conserje de la emisora, y colaba el mejor café que he tomado en  mi vida al que añadía una ternura de madre cuando un joven locutor irresponsablemente feliz y mundano, encargado de abrir la emisora a las 6:00 AM, llegaba -con demasiada frecuencia- totalmente amanecido, y ella, como una virgen moreneta de Cataluña, al café de cada día le sumaba, solidaria, un jugo de limón dulce y dos aspirinas. ¡Qué Dios se lo pague!

Ligado laboral o afectivamente a Color Visión desde 1982, y desde 2003 cada sábado a las once en DE LA SEMANA, son muchos los recuerdos y muy poco el espacio. Pero, insisto: todavía hoy, cuando pienso en Color Visión y sus nostalgias no dejo de recordar a doña Rosa, su café y su ternura de madre, como una doña Yolanda morena. Mañana sigo.

El Nacional

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