Me gusta lo bien amueblado intelectualmente que están los representantes del gran empresariado nacional.
Los señores han hecho su tarea, y ahora que es la hora de los hornos tributarios, tienen sus propuestas bien aprendidas, formuladas con sapiencia y creatividad.
Los señores nos convencen con los argumentos de sus voceros, técnicos y economistas varones, pero para por si acaso y no vaya a ser vaina cuentan además con unas damas cuya inteligencia y preparación intelectual/profesional solo es superada por su elegancia, y me quedo corto.
Son las ventajas de los señores del capital frente a las masas desposeídas siempre en olla. Si no te ganan con ideas, te vencen con el mejor argumento de una mujer hermosa que, -como decían los griegos y consta en la Biblia-: es su mirada. (Entre los griegos y la Biblia están todas las palabras de Occidente).
Pero las masas nacionales son huérfanas de padre y madre.
Huérfanas de una izquierda atrapada entre la guerra fría, Masámbula y la lucha por el 5% para la UASD, o de un PRD que en los últimos años se ha olvidado de su liderazgo en el sector liberar del país y ha intentado torpemente competir con el PLD en su encantamiento con la derechona y sus conservadores. Pero resulta que ese sector, el de los herederos de Trujillo y Balaguer, hace tiempo fue trabajado desde el Estado y sus mieles por un Leonel Fernández que entre 1996 y 2000 entendió -con sorprendente pragmatismo para un peledeísta de la vieja escuela boschista- que no podía competir con el PRD en la franja liberal de los electores (propiedad entonces del Dr. Peña Gómez) por lo que se dedicó a conquistar a una derechona conservadora, huérfana del Dr. Balaguer, que como se sabe fue inmortal hasta su muerte.
Con la desaparición sospechada de Balaguer, la derechona pasó por el trance existencial de Fermina Daza, el personaje de García Márquez, a quien le había llegado la hora de preguntarse (…) qué hacer con el amor que se le había quedado sin dueño. Y entonces, apareció el amante.
Todo ocurrió porque años antes, Luis Manuel Bonetti y otros escasos señores de apellido sonoro, habían sacado a pasear entre la aristocracia nacional a un brillante joven mulato de Villa Juana, que la impresionó. Fue amor a primera vista.
Y así volvemos donde lo dejamos: O sea, a una derechona elegante, con abogadas que convencen por la fuerza de sus argumentos o el poder de su mirada; y a unas empobrecidas y descreídas masas nacionales que van por la vida solas como los puertos al alba, como una habitación sin su perfume, ay, en una bahía que cada madrugada y desde entonces bendice un amanecer.
Hablo de unas masas nacionales huérfanas de la izquierda fantasmagórica, huérfanas de un PRD encantado en su conservadurismo torpe y suicida, y huérfanas hasta del Dios católico que en la Tierra representa un infalible, o sea, antidemocrático Papa, representado aquí por un cardenal y no por el padre Serrano con su Centro Bonó a cuestas, o por el padre Rogelio Cruz que, como se sabe, practica entre los pobres el milagro del pan y los peces.
Si como siempre ganarán los mismos y no heredarán los desheredados, uno por lo menos agradece al gran capital el hacerse representar y dejarse asesorar por estas damas que con su mirada y, quizás una sonrisa, son capaces de convencernos de lo imposible: la urgente necesidad e inevitabilidad de que paguen más impuestos la clase media y los que menos tienen, y no ellos, por ejemplo.

