Martha Heredia, Bosch y Minerva
Lo he escrito antes: somos un país aplazado que siempre llega tarde a sus citas con la historia. Solo que ahora, además, erramos el camino y confundimos los personajes.
Ante la magnitud de la crisis ética que abate a la sociedad dominicana, uno esperaba que cualquier día al país se le apareciera un caballero, pero podría ser también una dama, que inspirara una quimera, un viejo sueño. Hablo de reinventarnos una patria. Pero no.
Cuando esperábamos a un Bolívar con Manuela, a un Martí sin ríos de muerte, quizás a Gómez por lo del machete, o a un Juan Bosch renacido, recuperando el templo partidario y nacional; cuando esperábamos a una Juana de Arco para la revolución social, pues mire usted que quien se aparece temperamental y grandiosa, imponente y triunfadora es Martha Heredia.
Hay que ver lo que puede el show business, el marketing y pueden los poetas, pues el guión de Latin American Idol no lo escribió un gerente. ¡Qué buena actuación de todos, qué excelente reparto, inmejorable distribución de personajes!
Que un ¡Cuánto vale el Show! bien organizado haya movilizado al país de esta manera, -de Leonel a Isa Conde, de Lisandro a Pepe Abreu, de Virtudes a la Vicens- debe generar una discusión entre cientistas sociales para explicarnos cómo los pueblos llenan sus vacios éticos y políticos con personajes de otras áreas, incluida la farándula. Anoche, sin saberlo, muchos lloraban de alegría por Martha, pero en verdad lloraban de pena por su país desvencijado.
Con la militancia ciudadana y la unificación de voluntades que Martha ha provocado, los dominicanos podríamos refundar este fin de semana esta patria que se desangra de antifé y latrocinio, de impunidad y descaro.
Cuando ante el descalabro de fe que padece el país, debió resucitar El Viejo Sabio de Rio Verde, volver a sonreír Minerva Mirabal con su Manolo, pues mire usted, que quienes se aparecen son los genios del marketing de Latin American Idol para traernos una mulata maravillosa, que canta como una virgen en celos o una diosa enamorada y una vez más erramos el camino.
Martha por lo menos canta bien, y ojalá no olvide sus orígenes, sus principios, sus padres, sus amigos. Bebamos en paz, hermanos.
