Opinión

El Bulevar de la vida

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Mano de obra barata:  el meollo
Hasta ahora toda decisión, acción o falta de ella de parte de nuestros gobiernos en el tema migratorio, ha girado en torno a promover y posibilitar la existencia en el mercado laboral dominicano de una mano de obra ilegal y por lo tanto barata, sumisa y sin derechos ante la ley.
Uno de nuestros príncipes florentinos del gran capital diría sin inmutarse a cualquiera de nuestros gobiernos: “Hey, oiga usted, mozo, póngame mano de obra barata, por favor, y si no es mucha molestia, que sea ilegal. Y que salga con patatas y unos hongos portobellos ahogados en vino blanco”. (No te jode).

Mano de obra barata por ilegal: He ahí el meollo, el porqué durante décadas el Estado Dominicano se ha negado con todos los pretextos posibles a aplicar una política migratoria definida frente a Haití, salvo la política de no aplicar ninguna política. Desde hace 8 años tenemos la ley 285-04 de migración, que desde hace seis tiene un reglamento que explica cómo aplicar un proceso de regularización, pero nada.

En la Dominicana, la vida política y empresarial gira en torno a unas prácticas de corrupción y prevaricación que son las que crean los grupos económicos o fortalecen los ya existentes (-cada partido gobernante ha hecho esto desde hace dos siglos-), y que son los que financian partidos para que estos ganen elecciones, además de “facilitar” el ascenso económico de algunos miembros o relacionados de ellos (los partidos).

La Dominicana necesita mano de obra haitiana para el trabajo duro que los dominicanos ya no están dispuestos a realizar porque pueden ganarse la vida con menor esfuerzo y mayores ganancias en otras actividades. Pero esa mano de obra debe residir legalmente en el país para así tener derechos y deberes y no convertirse en blanco de la sobreexplotación de vocación feudal de los señores, evitando la creación de guetos de marginación, hacinamiento y miseria absoluta.

Los señores no quieren una mano de obra legal porque además, les obligaría a trasparentar sus actividades empresariales, el origen de sus activos, y hasta pagar impuestos y seguridad social por ello, que es justo y lo que hacen ya 76 mil dominicanos mini y maxi empresarios, miembros de facto del Club de los Pendejos. Bienvenidos al Club.
Contrario a lo que tanto se cantaletea aquí, no es el racismo ni la xenofobia antihaitiana lo que inspira estas desidias e irresponsabilidades de gobiernos en apoyo a empleadores. No. Esos empleadores no son xenófobos racistas sino capitalistas de las cavernas, sobrinos de un Lucifer, ahijados de un Torquemada empresarial.

Si el Presidente Medina quiere “hacer lo que nunca se ha hecho” en el tema migratorio, esta es su oportunidad. La decisión sería heroica y humana, patriótica y cristina, pero delicada y peligrosa, muy peligrosa. De esa oportunidad presidencial hablaremos el lunes, que mañana toca Casa de Citas en este Bulevar de la vida. Con permiso.

POR: Pablo Mckinney

El Nacional

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