¡Con la patria no, señores, con la patria no!
Alguien o álguienes están equivocados.
Alguien o álguienes creen posible que el pueblo dominicano, el de las mil luchas, el que por volver a la constitución del dios padre de la dignidad y el decoro nacional aplastó tanques y desafió cañones, ese pueblo, el que enseñó a vietnamitas y camboyanos, que a los gringos terribles que invaden patrias inocentes el plomo sí les entra en las ingles; alguien o alguienes creen que ese pueblo va a permitir que le desaparezcan su identidad, que se funda sin sangre la isla de dos patrias en una sola y no pasará nada.
Alguien o álguienes están equivocados.
¡Qué vaina! Como si no conocieran nuestra historia.
Como si no supieran que fue está patria la que parió de sus entrañas a un Manolo, Cayo Báez, Minerva, Juan Emilio.
Por eso, les advierto: Tengan cuidado, que a estás patrias mulatas de hombres simples (tan simples como quererse) cuando el oprobio es repetido y no cesa el chantaje, le entran unas ganas terribles de morirse, montañas escarpadas, puentes humeantes, un abril, mil barricadas.
Con la patria no, que ahí sí dentra lo varón, el mar resuena y el diablo viene. Con la patria no, señores míos, con la patria no.
Que al país lo estemos destruyendo entre todos, no significa permitir que antes de arreglarlo nos lo fundan impunemente con nada ni nadie, en creole, ruso o inglés.
¿Impunidad para los ladrones? Puede ser.
¿Falta de gerencia perdonada? Por qué no.
Y hasta puede ser excusada la vocación para el caos de cierta alternativa posible, pero con la patria no, con la patria no.
Sigan triunfado en blanco, rojo o morado.
Que cada cuatro años, a lo peor de cada casa partidaria le broten como hongos las villas en Romana, una dacha en La Altagracia; y viajen a Europa como reyes, sean príncipes en Miami, que muden a las secretarias y besen a las recepcionistas.
Que esa escoria partidaria se reparta nuestro erario entre Bentley, Ferraris, Mercedes o Bugati, pero con la patria no, señores; que por la patria, es decir, por la esquina del barrio, una fría, el colmadón, las Águilas, el Licey, los amigos, las palabras, las canciones, los amores, ay, por todo eso -que es la patria- se ha matado siempre y se ha derramado la sangre en cada rincón de cualquier parte.
Anarquicen el país, celebren el olvido, rematen nueva vez a sus padres fundadores, repártanse bienes, viernes y mulatas, (sana envidia), pero con la patria no, señores, que la sangre puede llegar a la mar, secar de rabia todos los ríos o cambiar de rumbo los cuatro puntos cardinales y su amén de cordilleras.
Por último, (ya termino), tengan cuidado: Si bien, para enterrar a los muertos como debemos cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero, no es menos cierto que para enterrar a una patria y todos sus desvelos, no existe tumba, cruz, dios ni cementerio.
¡Con la patria no, señores, con la patria no!

