Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

“Se le hinchan los pies, el cuarto mes, le pesa en el vientre. A esa muchacha en flor

por la que anduvo el amor regalando simientes.”  JMSerrat.

Y es que el parto de la abuela del que hablaba el lunes aquí, iba mucho más allá de la donación de una universidad al pueblo de Haití por parte del gobierno dominicano, para llegar hasta la amenaza de un funcionario gringo que declaró al M.H que EEUU podría imponer sanciones a RD “por su falta de compromiso en la lucha contra el tráfico de niños haitianos.”

        Uno habló de parto, porque así de doloroso es coincidir y tener que dar la razón al imperio. (A sus años y sus hartazgos, su ironía y sus derrotas, uno está ya que si no habla mal del Imperio o de Trujillo en estos bulevares mediáticos siente que está en falta con sus muertos, ay, desubicado como un cura en tragos donde Herminia, o don Tubérculo Gourmet cenando de frac en Café Pompeiano.

        Todo este rollo viene a cuento porque en alardes primermundistas, nuestros gobiernos han firmado convenios que no están en capacidad de cumplir. Pero firmamos. Y resulta que los convenios internacionales están por encima de la Constitución de la República.

    Sobre el trato que deben recibir los extranjeros ilegales en el país, resulta que los convenios imponen un tratamiento que el estado dominicano es incapaz de ofrecer a sus propios nacionales. Así, por ejemplo, o por morir, cuando otro millón de haitianos se presente al territorio dominicano y se declare refugiado político o económico, el estado dominicano no tendrá el derecho de deportarlo, sino que ahí mismo se iniciará un proceso jurídico burocrático que durará varios meses, hasta que la vaina “adquiera la categoría de la cosa definitivamente juzgada”, como dicen los grandes juristas, Eduardo Jorge Prats, Pina Toribio, y por supuesto, Félix Bautista, Freddy Pérez y Juan TH. (Me pasé). 

        Ese es el dolor de parto del triste futuro de una nacionalidad en bandolera, víctima del egoísmo de su partidocracia, que sabe muy bien que en 2016 en el país no se ganarán elecciones si no se cuenta con la minoría domínico haitiana.

        Digámoslo de una vez, joder: Somos también una nacionalidad en fundición, presa de vagabunderías empresariales, porque la rentabilidad de la empresa -y la compra de la penúltima villa del señor- dependen de la existencia de una mano de obra indocumentada, semi-esclava, explotada, sin derechos laborales y a veces ni humanos.

        Pero cuidado. Hace tiempo que a la patria “se le hinchan los pies”. Por suerte, a sus 167 años todavía la esperanza “le pesa en el vientre”. No es ya “una muchacha en flor”, es cierto, pero siempre puede el amor atreverse a la divina locura de repartir simientes…. “Corre Lagarto, pon otra cama en el cuarto. A empapelarlo de azul y en agosto de parto.”

El Nacional

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