El asunto es que, como las blusitas bajaymama, los zapatacones o las corbatas anchas, las ideologías y las luchas revolucionarias ya no se llevan.
Lo he escrito antes, caído el muro de Berlín, ida a la mierda la utopía socialista, la lucha de clases de Marx ha dado paso a la lucha de marcas, aunque estas sean carabelitas. Y en eso estamos.
Así, justo cuando se discute la magnitud de un imprescindible aumento salarial para los trabajadores, llama admirablemente la atención la eficiencia mediática de los señores voceros de industriales, empresarios y otros duques.
Los muy señores se lanzan, toman los medios y nos presentan un panorama desolador para nuestra economía y sus élites- si el salario mínimo, solo el mínimo, subiera más allá de la inflación acumulada, y otros versos. (El sábado, en De La Semana, Rafael Camilo me recordó que el 90% de las personas contratadas ganan menos de 14 mil pesos, mientras la canasta mínima para morirse de necesidades y pobreza pero lentamente es de 10,485 pesos).
Admiro la eficiencia mediática de los señores del dólar, con unos voceros instruidos y cultos, de buen verbo y mejor decir, aunque Camilo también me haya recordado que sectores altamente rentables como el de los hoteleros (y solo hay que observar su nivel de vida) paguen salarios sumamente bajos. (Según datos de la DGII, en ese sector existe gente que tiene cinco años declarando perdidas, pero ni cierra la empresa ni se baja de su Mercedes o vende su villa.)
Los industriales han salido en procesión mediática a defender democráticamente sus casi sagrados intereses, ante la posibilidad de que sean disminuidos los incentivos, beneficios, facilidades y otros especímenes del dao y el clientelismo político que todos los gobiernos, (por temor a joderse) les entregan, cual si ellos fueran sindicatos empresariales de choferes a lo Fenatrano o Conatra. Son las mismas raciones de Boa, mieles del poder, ay, pero sin grajo ni malas palabras, con misa de domingo y blancas chacabanas de Hippólito.
Y mientras todo esto ocurre, dónde c están los trabajadores y sus representantes, los partidos de la izquierda democrática, el socialdemócrata PRD, el marxista-boschista PLD. ¿Dónde están?
De eso hablaremos mañana, si Dios quiere, dominicanos.

