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El camino del  PRD

El camino del  PRD

 Soy institucionalista y respetuoso de los procedimientos de las organizaciones. Y más, si esa organización es el Partido Revolucionario Dominicano, al que pertenezco desde mi juventud y al que el país le debe una parte del sistema democrático establecido, además de los sacrificios y la sangre derramada en largas jornadas de lucha durante más de 70 años.

Soy respetuoso de los procedimientos y por eso he sido cauto al hablar sobre los procesos preelectorales en los que represento a una de las partes, porque aspiro a ganar la convención del 6 de marzo. Sin embargo, quiero decir algunas cosas por este medio.

La militancia del PRD antes era fuerte, decidida, aguerrida, sacrificaba su tiempo, su trabajo, su familia y hasta su vida, si fuese necesario, para que el PRD alcanzara sus objetivos de mejorar el país. Ese poder sobre las bases se ha ido perdiendo, y ya no tenemos una militancia con la vocación de sacrificio y de servicio que la tuvimos décadas atrás.

Los tiempos han cambiado. La primera consigna era la lucha por las libertades públicas, por la libertad de los presos políticos, regreso de los exiliados y por el derecho del partido a ejercer su labor con condiciones democráticas. Hoy son otras las exigencias. Trabajo, lucha por la subsistencia, por mejorar la alimentación, la educación de los hijos e hijas, adquirir o mejorar la vivienda. El país ha cambiado y los partidos políticos también, incluyendo al PRD.

La labor de los partidos es, en la actualidad, administrar con pulcritud los recursos del Estado, ser eficientes en la función pública y maximizar la competitividad, las exportaciones, aparte de redistribuir adecuadamente los ingresos, como lo hicimos nosotros en la gestión gubernamental del 2000 al 2004, priorizando la inversión en educación y haciendo inversiones en todas las regiones y provincias.

El gobierno del PLD ha tenido una hemorragia de préstamos. Ha gastado dinero sin consideración, y se ha esfumado casi todo ese dinero, sin resolver nada. Muchos de estos préstamos los he denominado delincuenciales, porque vienen adheridos a condiciones denigrantes, como créditos de exportación. Este ha sido un gobierno dispendioso con los recursos públicos, algo que me parece inaudito, en especial cuando quienes gobiernan se consideran jóvenes, estudiados y con base en una escuela política como la boschista, que debía tener resultados más dignos de los que tienen estos dirigentes.

Estas cosas ocurren y mi partido, el PRD, que debe estar en la oposición, jugando un rol de equilibrio, ha abandonado su labor. No he querido asumir funciones que les tocan a los voceros del PRD, pero he tenido que salir al ruedo político a decir algunas de las cosas que más me indignan. Por eso he comenzando este comentario diciendo que soy respetuoso de la institucionalidad.

La oposición es saludable. En democracia, la oposición debe ser respetada y valorada en sus críticas y recomendaciones. Pero el PRD no ha hecho nada valiente ni de lo que deba enorgullecerse desde la oposición en los últimos 8 años.

Mi experiencia, mis vivencias, me hacen ver con claridad que hemos jugado un papel pobre como partido. Y eso debemos cambiarlo. Mis críticas al gobierno han sido y siguen siendo desde mi condición de precandidato, de político con un espacio ganado y como ex presidente. En los organismos del PRD hemos impulsado posiciones, hemos formulado propuestas y seguimos trabajando para que seamos los impulsores del cambio.

El PRD debe retomar su condición de partido liberal, vinculado a la socialdemocracia. Trabajar por las causas de los pobres y desamparados, aumentar la producción nacional y las exportaciones, mejorar la distribución del ingreso y fortalecer la democracia, por la vía de la institucionalidad, el respeto a las leyes y hacer transparente la función pública.

El Nacional

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