Mucho se habla sobre la urgencia de cambiar el modelo económico, aunque se ignora si Gobierno, clase política y sector productivo han comprobado su obsolescencia o si ya esculpieron el rostro ideal que debería presentar la economía dominicana.
El liderazgo empresarial admite que en el marco del actual modelo, la economía nacional ha alcanzado importantes logros, pero considera que es tiempo de identificar los ítems, ejes o focos que signarían su crecimiento y desarrollo, aunque la propuesta en ese sentido apunta siempre a consolidar los existentes.
La locomotora económica de República Dominicana es impulsada básicamente por los sectores turismo, remesas, zonas francas y agroindustria, además de inversión extranjera directa y minería, todos los cuales tienen vocación de generar divisas.
Muchos años antes, el desarrollo nacional se sustentaba en la mentada “economía del postre”, caracterizada por las exportaciones de azúcar, café, cacao, tabaco en rama, lo que derivó hacia una economía de servicios basada en turismo, negocios financieros, telecomunicaciones y zonas francas.
Incluidos los aportes de remesas y minería, la economía dominicana genera unos 24 mil millones de dólares al año, equivalente a la tercera parte del Producto Interno Bruto (PIB), estimado en US$75 mil millones, lo que indica que el modelo no ha fracasado, aun cuando se admite que debe ser reenfocado.
Una reestructuración del modelo económico debería tener como base de sustento o foco de liderazgo al sector exportador, especialmente al no tradicional, dado que prevalece una cultura exportadora de productos primarios que data desde los tiempos de la colonia.
La actual estructura de producción y comercio se reputa como muy vulnerable ante el sector externo, como lo demostró la crisis financiera mundial de 2008 que causó estragos en las cuentas nacionales, por lo que tiene sentido cualquier esfuerzo destinado a disminuir esa alta debilidad, pero debería advertirse que el propuesto reenfoque a la economía debería incluir factores como fiscalidad, subsidios, ámbito laboral y redistribución del ingreso.
Una recomposición de la oferta exportable y ampliación del comercio exterior debería ser el primer foco a considerar en un eventual proyecto de reestructuración del modelo económico, que debe apuntar también al desarrollo pleno del sector agropecuario, agroindustria, Pymes, manufactura, y una permanente promoción a las transferencias de tecnologías.
El camino es largo.

