Oquendo Medina
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La profundidad de la crisis del momento no permite divagaciones. Como sociedad, lamentablemente estamos parados a la orilla de un abismo. El caer, de bruces o de rodillas, complicaría la situación imperante. Definitivamente, cualquier error, por pequeño que sea, nos puede convertir en un país cuyas condiciones de vida sean inimaginables.
Esa es la verdad aunque algunos pretendan no reconocerla. No obstante, la prudencia y la sabiduría del hombre justo recomiendan la presencia de un líder político de una trayectoria reconocida tanto a lo largo como a lo ancho de la Nación y, por demás, por la comunidad internacional.
En las actuales circunstancias, lo más saludable para nuestra sociedad, en medio de una crisis profunda y peligrosa como la que nos está azotando terriblemente, es la presencia de un estadista diestro en el manejo del aparato estatal. Eso es correcto. Un hombre con propiedades propias de un buen estadista que sepa, perfectamente, conducir la nave del Estado hacia aguas mansas y confiables para así navegar hacia senderos prósperos.
No importa a cuál partido usted pertenezca. Lo realmente válido es tener por sabido que, después de la partida de los tres grandes (Bosch, Balaguer y Peña Gómez), en nuestro país sólo existe un líder semejante y un estadista comprobado llamado Leonel Fernández.
No nos engañemos. No es momento de jugar ni de improvisar. Esta pandemia obliga a reflexionar para no equivocarse en la escogencia de su Presidente. Nuestra sociedad necesita paz y convivencia pacífica. Marchemos por el camino seguro.

