Es de donde brota la leche de la vida. El color esperanza se nos presenta en todo su esplendor. Sin embargo, ha dejado de ser noticia. Entre polvorientos y abruptos caminos la fe y el trabajo paren frutos cuyo sagrado origen ignoran las grandes ciudades y los inaccesibles centros comerciales. Desigual relación en un Estado de poder que no tiene nada que ver con el Estado de derecho al que aspira toda sociedad justa.
Que los bananos los mismos que llevamos a la mesa- demanden del amor y el cuidado cotidiano de unas canosas y suaves a la vez, no tiene que ser noticia. Como tampoco lo que es que a dedicados empresarios agrícolas se les arrebate un puerto para favorecer a importadores de combustibles. Unos proporcionan divisas y empleos, los otros sacan las divisas sin crear manos de obra.
No tiene que ser noticia, entonces, sus desventajas. Consecuencias reflejadas en el desaliento, y en la productividad por supuesto. La tecnología nunca ha logrado suplir ni superar lo que el espíritu emprendedor y la buena voluntad consiguen. De ahí que la motivación oportuna y los incentivos adecuados sean los motores que ponen en marcha la agropecuaria.
Negado el espacio que merecen nuestros campos en los medios masivos de información pública, procede visitarlos. Ir detrás de estas ricas y nutritivas nuevas, escamoteadas por el tiempo y la desidia. Es lo que hicimos llevando a los campos de Esperanza a diplomáticos alemanes y chinos. La vista hace fe. Decir que salieron de allí encantados y motivados es poco.
Muéstrame tus pies, genio, y veamos si tienes, como yo, polvo terrestre en tus plantas. Leyendo a Víctor Hugo aprendimos, entre rimas y sustancias, a valorar y encontrar sentido en estos arrinconados caminos que nos llevan al río, salvando charcos y malezas. Resulta inconmensurable el premio de contemplar las aguas que corren dando vida, aquí y allá. Bañarse en ellas, una bendición. Hugo sentencia: Si no tienes ese polvo, si jamás has andado por un sendero, no me conoces, ni yo te conozco. Vete. Crees ser un ángel y no eres más que un pájaro.
Si por algún lado se comienza, hagámoslo volviendo al campo. Enmendando esta falta como protagonistas. Actores en vez de espectadores. Provocando los efectos deseados, más bien, necesarios. Y cosecharemos los frutos de este esfuerzo, tarde o temprano.

