Antes de que el gallo cantara, no tres veces, sino solo una, Héctor Valdez Albizu dejó a su jefe de toda una vida muy mal parado. Los esperados y consabidos pronunciamientos de los opositores se quedaron muy cortos ante el apresurado y contundente desmentido del gobernador del Banco Central.
Negó que el organismo recibiera este año 49,000 millones de pesos para su recapitalización, como afirmara Fernández, tratando de explicar el déficit fiscal de 200 mil millones y la insostenible deuda pública. Bancentral solo recibió 11,000 millones, 38,000 millones menos que lo afirmado por quien fuera su mentor durante doce años.
Con este servicio, Valdez Albizu se nos presenta como un hombre de Estado, probablemente en beneficio de la estabilidad cambiaria y todas esas sandeces que esgrimen los economistas para ocultar la realidad. La ciudadanía espera que Valdez Albizu emplee la misma prestancia y rapidez para aclarar escándalos suscitados en torno a pensiones facultativas contrarias a la ley, y un montón de liquidaciones millonarias hechas en julio pasado.
El presidente Medina no produjo cambios en Bancentral, como temían altos funcionarios liquidados con sumas fabulosas. Las cosas siguen igual para ellos, salvo para las arcas del Estado, ahora con más de mil millones de pesos menos, destinados a esas liquidaciones.
Tampoco tienen prisas los rectores de la política monetaria local en dar detalles sobre enormes pensiones otorgadas a ejecutivos, violando la ley que rige la materia. Destaca el caso de Pedro Silverio Álvarez, antiguo gerente de Bancentral, quien recibió prestaciones por un monto que superan los 11 millones de pesos, y jubilado con 400,000, a pesar de ganar solo 734,280, laborando a penas ocho años.
La Junta Monetaria trata de justificar todo ese festín. Pero, bueno, estamos hablando de un gobierno aparte, por encima de todas instituciones.

